La curiosa relación alemana con el ciclismo

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Este martes de lotería navideña y celebraciones salpicadas a base de pellizcos de pedrea y premios por la geografía hispana, el Tour de Francia, ajeno a la realidad que ha impuesto su amenaza de degradarse en el calendario, ha anunciado precisamente para 2017 que saldrá de la alemana ciudad de Düsseldorf, en lo que será una nueva salida desde terreno no francés que se añade a Utrech, Lieja, Londres, Rotterdam,… una muesca más en el tremendo negocio que es la mejor carrera del mundo.

Pero el objeto del post no es la contabilidad de ASO, no, el objeto es precisamente el país de donde se anuncia esa salida, Alemania, el país más grande y poblado de Europa que se mueve en la paradoja total respecto a este deporte. Tocado como ningún otro por la moralina antidopaje que sacudió este deporte hace unos diez años, Alemania ha sido un goteo de carreras que se han ido por en retrete.

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Perdieron su vuelta a Alemania, aunque pocos lo sepan una de las más antiguas de este deporte, y a ella se le unieron otras. Un día antes del anuncio de la salida del Tour desde Düsseldorf, caía del calendario la Vuelta a Babiera, una carrera de segundo orden, que han ganado ciclistas como Geraint Thomas o Michael Rogers, que rea la ultima vuelta por etapas del calendario germano.

Ya ven, poco a poco, sin dilación, Alemania se ha quedado sin ciclismo de vueltas por etapas al tiempo que celebran la partida del Tour del 2017. Ahora el calendario germano tendrá clásicas de un día. Y no será por la economía, porque la teoría dice que las arcas de la locomotora de Europa están más saneadas que las españolas, en cuyas huestes se han recuperado las vueltas a Valencia y Lleida.

La desaparición de Baviera choca con la buena campaña llevada a cabo por un equipo de dinero alemán, el Giant-Alpecin, y la apuesta de Bora por su equipo. Empresas alemanas invirtiendo en ciclismo, empresas que han olvidado lo mal que salieron los Gerolsteiner, los Milram y los T Mobile del ciclismo. Y sin embargo se han quedado pelados de vueltas por etapas.

Alemania además es el país origen de un buen puñado de figuras, algunos corredores muy apreciados por su generosidad y clase, hablamos de Tony Martin, que el año que viene será compañero de Marcel Kittel, uno de los que más se han desgañitado en explicar que el presente del ciclismo en su país no tiene que ver con la podredumbre de sus antepasados Ullrich, Zabel, Henn, Aldag, Bolts y cía.

También está Jonh Degenkolb, un corredor que va camino de ser de culto, o el mejor velocista del ejercicio, André Greipel, ganador de cuatro etapas en el Tour que, asómbrense, vive con total normalidad y anonimato en un pueblecito alemán. Son esas cosas que nos asombran del gigante teutón.

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