La Dauphiné es un cuento inconcluso

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El estado de ánimo de la parroquia estos días es manifiestamente comparable al surgido de aquella semana en la que coincidieron París-Niza y Tirreno-Adriático. En esta ocasión, inmersos en junio y a la espera del buen tiempo que se supone debe llegar, las sensaciones provienen del “mini Tour” llamado Criterium de Dauphiné y de la actuación del Team Sky en general y su líder, ahora y ya, Chris Froome, en particular.

Vayamos por partes. El desánimo no se justifica en su extensión por un simple motivo que muchas veces hemos oídos estos días: “El Tour no es la Dauphiné” o viceversa. La carrera que acaba de concluir, qué duda cabe, es importante para lo que suceda en Francia durante las tres primeras semanas de julio. Obviamente quien quiere optar a algo al Tour debe mostrarse al menos en forma en la prueba alpina.

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Cierto es que la historia nos desvincula la suerte de ambas carreras casi tantas veces como la junta. Decir que el poderío de Team Sky se prolongará es casi tan impreciso como asegurar que llegarán pasados de forma, aunque conociendo como trabajan los ingleses, afirmar esto último es temerario, más cuando existe un precedente muy cercano en el tiempo: el año pasado. Los Sky maltrataron a los rivales en la Dauphiné y no dejaron gran cosa para los demás en el Tour: primero y segundo de la general, siete etapas,…

Estos días se comentó mucho aquella edición, la de 2004, en la que Iban Mayo reventó a Lance Armtrong en aquella cronoescalada del Ventoux para sucumbir a las pocas semanas, y muy al principio de la carrera, ante el americano. El mismo Alberto Contador sabe que la Dauphiné no es vinculante. En 2010 Janez Brajkovic se mostró inabordable en montaña a la par de contundente en la crono y luego en el Tour hizo aguas a las primeras de cambio.

Pero existe incluso una tercera vía, poco divulgada, pero muy explotada en la historia y no tan lejana. En 2011 Wiggins ganó en la Dauphiné su primera gran carrera por etapas, estaba fuerte, fino, como nunca, en definitiva, y mira, un mal paso en la primera semana del Tour, una caída y fuera de la carrera. Es tan sencillo como eso.

Por eso especular es tan saludable como arriesgado. El Team Sky va al Tour siendo el rival a batir, también fue al Giro en la misma situación y el trompazo, por mucho que lo adorne Xabier Zandio, fue sonado. Hacer segundos con Rigoberto Uran no vende en el mercado doméstico británico, que es a quien se debe el superequipo inglés, es triste pero así. La clave que se manejó en el Giro puede ser explotada en el Tour. Con tanto poderío, Sky se convierte, de forma involuntaria en diana común y claro contener tantos y tan diversos rivales es complicado.

Lo importante es conseguir que el Tour se parezca lo más posible a una carrera italiana, que sea una suerte de Tirreno, donde la imprevisión sea el pan nuestro de cada día importante, y no importante. Dinamiteros en el panel de rivales hay. Contador, el primero, pero otros muchos, incluso esa renovada versión de Alejandro Valverde que arriesga como nunca se le vio antes. Luego hay otros muchos.

Recuerdo que en medio del tedio y desánimo general de marzo en este cuaderno dijimos que era pronto para pensar en una melodía monocorde, negra e inglesa. Dejemos pasar los días, nos aireamos y veremos. Ya veremos.

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