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La etapa perfecta fue una etapa de transición

Opinión ciclista

La etapa perfecta fue una etapa de transición

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Si el ciclismo fuera ciencia no podría ser exacta. Desde hace un tiempo una buena legión de aficionados se ha lanzado a proponer por activa y pasiva recorridos a organizadores. Les proponen tirar por ese cruce, porque el repecho de su pueblo hace estragos, o buscar ese páramo que con el viendo de costado seguro que genera un abanico de morirse. Es la democratización del ciclismo, del deporte, de la vida. Una relación horizontal que mal que les pese a algunos marca el futuro inmediato.

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Pero hete aquí que uno puede diseñar el mejor trazado del mundo y convertirse en un infumable purgar por parajes preciosos, eso sí, pero intrascendentes. Lo vemos por ejemplo en la Vuelta a España donde el 90% de los recorridos es prescindible y no siempre por culpa del organizador y sí por la actitud de los ciclistas, esos que le dan el aliño o no al trazado.

Y esta máxima informe, no escrita pero tangible, la hemos apreciado hoy en el devenir por la campiña del corazón del hexágono francés de una de las etapas llamadas de transición. El descuelgue de un velocista enrachado como Kittel, añadido al posterior pinchazo de Alejandro Valverde dio rienda suelta a la mejor etapa del Tour en muchos años. Ni Alpe d´Huez, ni Tourmalet, cuya cima se ha pasado a ritmo cicloturista en las últimas ediciones, ni posiblemente Mont Ventoux, este domingo. Nosotros nos quedamos con los últimos cien kilómetros entre Tours y Saint Armand Montrond, una etapa dos estrellas según las guías del Tour, que ha deparado un espectáculo diagonal, como el sentido de la marcha, mayúsculo, como la categoría de sus actores, y definitivo, como la sentencia en muchos de los que vinieron a hacer algo a este Tour.

Luego fluirán las valoraciones de que si lo que hemos visto o no ha sido deportivo, ético o razonable. A mi entender, la etapa ha sido perfecta, redonda y sin aristas. Alejandro Valverde une esta ciudad de tamaño medio en el centro de Francia a sus desastres de Suances, Monachil y Valdezcaray para entender que esto no puede ser casualidad. Como tampoco es casualidad que Movistar, teniendo el mejor equipo del Tour, siga dando imágenes como las de la persecución tirando del segundo y tercer grupo al unísono cuando el tren de Froome se iba y se iba.

Lo siento, aprecio enormemente a Alejandro Valverde, me parece un ciclista con la calidad y humildad de los más grandes, pero hoy, la mala suerte se ha sumado a su propia incapacidad de gestionar la crisis.

Y luego estuvo Alberto Contador, quien es sus días lúcidos hasta nos ofrece un excelente espectáculo. Ajeno a la primera guerra, la que de verdad eliminó a Valverde, aprovechó, con la excelente relación de rodadores de Saxo que le rodeaba, para tomarle un tiempo a Chris Froome que, entiéndanme, sin ser importante sí es relevante en cuanto a las reiteradas muestras de debilidad de Team Sky.

No sé. Jornadas como éstas demuestran que hay carrera, que hay Tour y que si los rivales de Froome demuestran la inteligencia que no apareció en los Pirineos y hostigan hasta la extenuación al Sky –algo que siempre mantuvimos como opción- hasta podemos llevarnos una sorpresa.

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