La excursión holandesa

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Muchas veces ante salidas como la que hemos disfrutado de este Giro de Italia me preguntan, los profanos en ciclismo, ¿cómo es posible que el Giro siendo italiano salga de los Países Bajos?. Yo les respondo porqué no, y expongo que me parece perfecto que el ciclismo saque partido a los beneficios propios de su carácter itinerante, que busque nuevos lugares, que ponga enclaves en el mapa y que llene de deporte y diversión aquellos sitios que visita.

Estaba claro que el Giro iba a triunfar en los Países Bajos. Salvo temporal exagerado, y a veces ni así, la carrera italiana iba a arrasar en su puesta de largo por el país que más se identifica con el ciclismo y la bicicleta. El arranque del Tour desde Utrech el año pasado fue un ejemplo, también el del propio Giro de Ámsterdam hace seis años, con Wiggins en líder, e incluso el de la Vuelta en 2009, cuando hubo mucha más gente viendo la carrera hispana en Assen o Lieja, que en cualquier pueblo de península.

El Giro, como el Tour, y en menor medida la Vuelta, ya no son carreras nacionales, si bien siempre tendrán que identificarse con sus raíces, y primar su territorio. Giro y Tour son grandes marcas, grandes emblemas y causan furor por donde pisan. La gestión de estas enseñas centenarias ya no se ciñe a las tres semanas que dura el evento, ahora puedes ver un criterium en Japón “provided by Tour de France” que causa furor en la parroquia nipona, como las machas de gran fondo que llevan el titulillo de “Giro de Italia” que llenan de cicloturistas ciudades como Viena.

Y en esa gestión global, y de 365 días al año, se incluye salir lejos de la patria chica, aunque todo ello implique muchas molestias, no sólo a los ciclistas, de cuya imagen vive este deporte, sino también de la organización y auxiliares del equipo. El Giro ha tenido que salir un día antes de lo marcado para que el primer lunes de competición haya un descanso que se aproveche para trasladar toda la parafernaria desde los Países Bajos al sur de Italia, un pedazo viaje que deja huella.

A todo ello se añade la proyección del evento y su atractivo indudable, vistiendo de rosa localidades que en su vida habrían soñado ver una carrera así, tan lejana. Pero eso es el ciclismo y éste es uno de sus grandes valores, el pasar por la puerta de casa de cualquier, por eso creo que compensa el sacrificio y el desvelo de la caravana y los ciclistas.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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