La salud del cicloturismo no es eterna

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Aunque el fin de semana rompió con el desenlace de la Vuelta a Suiza, cierto es que el perfil de la concurrencia en el país helvético no era la vanguardia de los favoritos que opta al Tour de Francia y quizá no nos equivoquemos que Tejay Van Garderen sea, como ya dijimos, el nombre tapado pero clave del BMC ante la inexistente progresión de Cadel Evans por un cuestión de edad.

Aprovechando el paréntesis hacia los títulos nacionales y el posterior arranque del Tour de Francia, vemos que el buen tiempo de junio es sinónimo en ciclismo de marchas cicloturistas, sí esa experiencia tan arraigada en otros países que en España surgió en los albores de los ochenta de una forma más o menos consistente que a mi entender no pasa por el mejor momento.

Y es que aunque las apariencias nos hablen de una modalidad en un auge innegable, canalizar tanta pasión se puede convertir en un círculo vicioso, una especie de trampa en la que el principal perjudicado sería el cicloturismo como tal. Veamos lo que está ocurriendo desde hace un tiempo y entenderemos que, a pocos días de la gran fiesta de la Quebrantahuesos, las cosas no son lo halagüeñas que parecen.

Veamos la nómina de ciclistas cualquier federación tiene en su bolsa. Veamos el porcentaje que significa el cicloturismo y mediremos la importancia de éste. No nos equivocamos si decimos que dos tercios de los oficialmente federados están en ese saco llamado de ciclismo de ocio, en otras palabras cicloturismo. Con todo queda claro que el potencial económico del sector es interesante e incluso abruma la parte de competición, que no anda nada bien.

Aunque el ciclismo de ocio nos parezca de segundo escalón no es más, a mi entender, que una afición latente que un día puede reanimar la competición. En toda casa siempre habrá un niño cuyo padre sale a las marchas, por ejemplo. Peor sería ver las paupérrimas participaciones de algunas de nuestras carreras y el maltrecho calendario se acompañarán por un total desinterés por la bicicleta.

Pero la actualidad del cicliturismo es complicada. A pesar de las buenas nóminas que se reúnen en muchas marchas, estas se convierten en dos, tres o cuatro carreras paralelas que por un lado desencantan parte de la concurrencia y por el otro se hacen imposible la garantía de seguridad por parte de las autoridades del lugar. Lo sucedido en la Marcha Carlos Sastre, suspendida por la Guardia Civil, o los reagrupamientos de la Marcha las Cuatro Cimas, neutralizando los grupos cuando éstos se separaban mucho, son los síntomas de que esta gallina de los huevos de oro no es eterna ni inmune.

Cuidar el cicloturismo como dije es importante por lo que genera para todos –federaciones, gremios, marcas, fabricantes y organizadores- pero también por lo que lo que concierne al ciclismo de competición y su futuro. Pensar en cómo hacerlo viable y del agrado de la mayoría es cuestión capital.

Foto tomada de www.arueda.com

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