La “generación #StradeBianche”

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Coge una zona, la Toscana, mete a los chavales por unas pistas  de concentración parcelaria, ponle un nombre atractivo y échalo a rodar. Es curioso, siguen dándonos con el manual en la mano. Con cuatro nombres, un poco de marketing y una vitola como si un sobre de pasta Barilla se tratara, los italianos acaban de instaurar una clásica de primavera en medio de la misma con menos de diez años de historia. Supongo que la gente del Gran Premio Canal de Castilla estarán tomando nota. Quizá les convenga un mejor nombre, no sé, más pegadizo.

Porque en el fondo ¿qué nos gusta de la Strade Bianche? La arena, los patatales vecinales, por donde nunca ha llovido por cierto, las ciudades, las tramas urbanas, el ondulado paisaje,… ciclismo lo que es ciclismo se ve, sí, pero no mucho, y eso que quizá este año haya sido la excepción pues dos purasangres, de esos que nos da serán protagonistas en eventos venideros, han dado la medida de lo que se nos antoja un futuro terrible. Si Peter Sagan lleva años avalando la fama que le precede, Michal Kiatkowski ha estado sublime, surgiendo del grupo en el momento clave, relevando contra todo pronóstico en la apuesta Peter Sagan batiendo con nitidez a la bestia eslovaca en las preciosas calles de Siena.

Les podríamos llamar “generación Strade Bianche”, es decir, como rezaba el eslogan, jóvenes per perfectamente preparados. Ciclistas más allá del telón de acero, ahora que la Guerra Fría vuelve a los titulares. Surcaron los mares de polvo toscanos, mientras la televisión se regodeaba en el auténtico patrimonio del ciclismo europeo: los lugares, los paisajes, las ciudadelas. Son intangibles sí, pero visten de grandeza y dan porte ante el auge de grandes eventos allá por Oriente Medio, donde sólo tienen hormigón, vidrio y cuatro desperdigados viendo in situ el espectáculo.

Ahora que despierta la temporada europea quizá convenga tomar nota de cómo lo hacen los italianos, quienes por cierto viven una crisis no pequeña, similar a la nuestra. Sin embargo siguen siendo maestros de la liturgia de la venta. Envuelven el producto como si fuera un Gucci y te lo ponen ahí, tan bonito, tan chic, que es imposible renunciar a él.

En la Strade Bianche salieron de esa ciudad medieval que fue la Nueva York de los tiempos, San Giminiano, y acabaron entre los palacios renacentistas con profusión de ojivas en Siena. En la Roma Maxima abordarán la raíz de nuestra civilización, la cultura romana, cogerán con las manos en Coliseo y lo pondrán ahí para retratar al ganador en la vía de los foros imperiales, esa aberración que Mussolini ideó para descongestionar la siempre congestionada Roma. ¿Giro del Lazio? ¿Qué es eso? Eso no vende como “Roma Maxima”.

Como digo, “generación Strade Bianche”, Sagan, Kiatkowski,… son dignos ejemplos. El ciclismo es algo más, ellos lo entienden, ¿hay alguien al otro lado del teléfono de Unipublic?

Foto tomada de @StradeBianche

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