La imagen de la bicicleta

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Seamos sinceros, ahora mismo nadie sabría poner en un sitio exacto e inequívoco dónde se ubica la bicicleta en el imaginario colectivo. No podríamos situarlo la verdad, porque la bicicleta es algo que vemos por la ciudad, en mayor o menor medida, de forma anárquica muchas veces, otras encauzada por los lugares que se le han dispensado, pero sin una opinión clara de qué se piensa de ella o cómo se la ve. Como muchas personas en esta crisis vaporosa, la bicicleta está buscando su lugar en el mundo.

Y lo hace en medio de un debate agrio y polémico, que hace unos años no hubiéramos imaginado. La verdad, a priori, si nos preguntan por la inclusión de algo que no ocupa sitio, no contamina, no hace ruido y contribuye a la mejora de la salud pública, no podríamos haber encontrado argumento en contra. Sin embargo, como las “meigas”, “haberlos haylos”.

La bicicleta no es aceptada igual por todo el mundo. Si miramos atrás, ciento y pico años atrás, vemos que la bicicleta irrumpió en las clases nobles y paulatinamente caló hacia “abajo”. Luego vino el coche y todo lo deshizo, al punto que ser ciclista en la ciudad hace treinta años era una rareza, cuando no, digno de un proscrito.

Sin embargo las tornas han cambiado y la bicicleta se ha convertido en el icono de muchas cosas. En el icono de fresco y saludable, en el icono del cambio,… elites intelectuales la adoptan en campañas de publicidad y la ponen en escaparates, los políticos miden la eficiencia de su gestión en la cantidad de kilómetros de carril bici que construyen bajo su mandato, los alcaldes van en bici a su consistorio, los destinos promocionan el cicloturismo, incluso las ciudades se promocionan en función si pueden o no ser conocidas sobre una flaca.

Ocurre también que en ciertos sectores sociales el coche es una conquista reciente y que la bicicleta está vista como un paso atrás. Ir en bici al trabajo o combinarla con un transporte público suena a muchos les suena a “marcianada”, algo que sólo ocurre en las ciudades que sí están preparadas para ello y ahí no están las nuestras.

A todo esto se le añaden los comentarios de todo tipo, peatones hasta los cojones de bicis por la acera, ciclistas acongojados por los coches y conductores escandalizados por ciclistas que no respetan ni señales ni semáforos.

Como veis, la imagen de la bicicleta es una moneda al aire, pero al menos está en el candelero, se discute y se habla de ello, cosa que no está mal. Quizá ahora sea el momento de dar el siguiente paso, y en esto los políticos, y no la gente que genera modas, tienen la palabra. Y dar el paso, dado que hay mucha gente que está cerca de usar la bici y no se atreve, significa mejorar la seguridad ante los robos, pacificar las ciudades, incentivar ir a la escuela en bici,… esas cosas que parecen obvias, pero que no se hacen para mejorar la imagen de la bici.

Imagen tomada de http://www.bilbaoarchitecture.com/createbike-bicicleta-urbana/

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