La labia de Samuel Sánchez

0
7
vistas

Nacho Labarga acaba de sacar la biografía de Samuel Sánchez. En ella se repasan los hechos más significativos de la historia de este ciclista que levantó un país una mañana de agosto para hacerle saber que era medalla de oro en una olimpiada. Samuel siempre tuvo don, y labia, mucha labia, escribe Nacho que se las llevaba de calle. Ayer le vimos en el podio de la Dauphiné.

No hace mucho estuvimos con el asturiano para el serial de documentales que Orbea está haciendo por sus 175 años. Habíamos quedado a las seis, pero en el hall del hotel de Calella, desde donde salía a los dos días la Volta a Catalunya, lo teníamos todo presto media hora antes. “Samuel, estamos abajo, puedes bajar cuadro quieras”. “Ahora mismo bajo” respondió serio, como si la siesta aún estuviera presente en su ánimo.

Al poco rato, por el ascensor, entre unos guiris ruidosos, apareció Samuel Sánchez. Repeinado, fino, escandalosamente fino, de negro total, hasta las zapatillas, e inusitadamente pálido le estrechamos la mano y le invitamos a sentarse para la entrevista.

Samu”, pues él es “Samu”, como bien recalca, y firma en sus dedicatorias, es calmado y culé, expresa con serenidad y muestra una autoestima que levantaría el ánimo de cualquiera. Esa capacidad de ver una cosa grande en cada gesto que haces, en cada giro que la vida te regala, es lo que hace a este ciclista especial. No creo que muchos sacaran tanto jugo a un éxito como él a su oro olímpico.

Como decimos Samuel ha sacado hace poco su biografía, “El ciclista de oro” le puso Nacho Labarga, autor del libro y amigo de este mal anillado cuaderno. Hace como dos años que sabía del proyecto de Nacho, que tras pasar la insidiosa búsqueda de editor, ha podido encontrar camino en el otoño de la carrera del ciclista, ciclista que por otro lado se comió y corrigió la obra entera en un viaje de vuelta del Tour de Pequín.

En ella, se repasa a modo documental la vida de Samuel, con intervenciones corales que hablan de un libro cocido a fuego lento. Bien documentado, nos hace revivir momentos increíbles como su oro olímpico, esas explosiones que uno siempre tiene grabadas. Cada declaración, cada palabra demuestran que un ciclista creyéndose bueno es más ciclista y posiblemente llegue más lejos que un portento físico.

A veces no nos han gustado ciertas actitudes de Samuel, como su reacción a no ir al Mundial. Más de uno se sorprendería del auténtico perpetrador de que no fuera seleccionado, quizá un día lo cuente, como quizá un día explique el motivo de omitir en su libro un positivo en categorías inferiores, hecho divulgado desde los tiempos, que contrasta con el acento que pone sobre su segundo puesto en el Tour de 2010. Eliminados Contador y Menchov, accedió al podio, es legítimo, pero siempre tendrá su asterisco…

Imagen tomada de www.orbea.com

Deja un comentario