La lección de la Milán-Turín

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Superga es un lugar emblemático de Turín. Su cúpula domina lejana pero perenne la gran urbe piamontesa. Obra de uno de los mejores arquitectos barrocos de Italia, Guarino Guarini, es lugar de culto para los turineses. Su acceso se hace por una serpenteante carretera que si bien no ofrece grandes desniveles, pesa en las piernas de quien cubren el trecho en toda velocidad.

Alberto Contador ganó la Milán-Turín en la sombra de esta fábrica barroca. Como si el adorno del pinteño gozara de las formas y enjambres mentales de aquellos grandes de la pompa del siglo XVII, Superga presenció la que dicen es primera clásica –o carrera de un día- de Alberto Contador, quien a diferencia de Alejandro Valverde, hace de Italia su fortín. Dado que lo del murciano cayó en manos del comité olímpico itálico, correr en el país transalpino no es paraje deseado para Alejandro, quien volverá muchos años después a Italia, aunque por Lombardía.

Contador entronca con Federico Martín Bahamontes, quien fue el primer y único ganador en la sombra de Superga. El toledano se hizo con una etapa del Giro y hubieron de pasar más de cincuenta años para que la competición subiese hasta el mejor mirador de Turín. Obviedades del azar, no deja de ser curioso que un lugar tan singular haya sido hoyado dos veces y en ambas por ciclistas españoles, mesetarios añadiría.

Pero la redición de la Milán-Turín encierra otras lecturas. Desde 2008 no se celebraba una clásica que a día de hoy, calendario en la mano, es la más antigua de cuantas figuran en el calendario internacional. Tras cuatro años sin correrse vuelve una perla de la prehistoria, cuyos orígenes se remontan a 1876.

Italia, país acosado por la crisis, aunque sinceramente no en el nivel de España, con un calendario también fluctuante, es capaz de mantener el lustre de sus grandes citas y recuperar las que se consideraban perdidas por el camino. Una lectura así no puede pasar desapercibida. Como en otras ocasiones hemos apuntado aquí, el perder una gran carrera unos años no significa sepultarla en el olvido. Que tomen nota aquellos que tiene o podrían tener en su mano la recuperación de las muchas carreras que se han caído del calendario español, pues a tiempo de retomarlas siempre estaremos.

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