La lección de la Vuelta a Asturias

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La Vuelta a Asturias se ha salvado. Lo hace a mes y medio de su celebración. Es como si el trecho entre la consolidación y celebración de la carrera se estrechara irremisiblemente a cada año. Se celebra en la red que el calendario español no ha perdido ninguna carrera en 2013. Nominalmente no, siguen las mismas, pero cuantitativamente sí. Siguen cayendo los días de competición en España. Mientras en medio mundo entienden que el ciclismo es el carro de la modernidad en su proyección, aquí seguimos arrinconando este deporte.

No se engañen, celebramos que Asturias continúe adelante con su carrera. Es más, nos encantaría tener la certeza que éste es el punto de inflexión en la terrible siega que ha sufrido nuestro calendario desde años que van más allá de la cacareada crisis, pues en Catalunya por ejemplo la pérdida de la Setmana Catalana y la Escalada a Montjuïc fue en los tiempos que “España iba bien”. Incluso metamos en ese saco Aragón, Galicia, Valencia, Luis Puig, … y no nos vayamos a los noventa: Valles Mineros, Vuelta a los Puertos, Hucha de Oro, Memorial Galera, Trofeo Luis Ocaña,…

En Euskadi la carrera que vestía de azul de Bergara a su líder, la Bicicleta Vasca, se integró en su hermana grande, País Vasco, dándole su principal tesoro, la subida a Arrate, que pasó de ser una clásica con entidad a una etapa clásica sin más. Algo similar que la Asturias y la ascensión al Naranco. Sí la montaña más universal del prerrománico también tuvo carrera en exclusiva, como Urkiola, como Montjuïc, como Arrate,…

Con todo convenimos que la pérdida de carreras en España viene de lejos. Fue una tendencia en los años de bonanza, que se acentuó en el túnel de la recesión. Obviamente pues, lo que conviene quizá, más allá de escuernarse en la búsqueda de mecenas, es revisar el modelo. Saber porqué, a pesar de toda la mierda que le escombra, el ciclismo crece en paraísos lejanos, y no tanto, miremos las nuevas iniciativas italianas o el crecimiento del E3, y en España languidece a ritmo de infarto, pues no sabemos a ciencia cierta de la celebración de la carrera hasta poco antes de la fecha que tenía fijada. La quema de competiciones en España es comparable al exorcismo alemán que también se llevó por delante gran parte de su tejido al calor de los escándalos de dopaje.

El caso de la Vuelta a Asturias se ha resuelto por una marcha cicloturista. Bien pensado, bien visto. Fueron proactivos en las redes y al final dicha clásica para globeros ha impactado lo suficiente para garantizar la carrera. Hace tiempo lo comentamos –déjennos ser pedantes-. En el cicloturismo hay una masa pujante y creciente que puede ser la semilla de la recuperación del ciclismo de competición en España. Al margen del vivero de posibles chavales, hijos de cicloturistas en activo, reúne a un gran número de practicantes, y casi correligionarios de la bicicleta y este deporte. El cicloturismo es el grano de mostaza que mantiene vivo el hervor ciclista en nuestro país. Dado que las estructuras tradicionales no funcionan escudriñemos esa alternativa. Qué se pierde.

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