La Lieja que no vemos

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Pudo parecer que la carrera empezó de verdad a 25 kilómetros de meta. Más de 220 de relleno, sin más, cuando Edet y De Marchi caían en las redes del pelotón espoleado por Lotto y Etixx, al calor del control casi obsesivo del Movistar. Pero no, nada más lejos de la realidad, aunque la Lieja-Bastogne-Lieja carezca por completo de la vistosidad de Roubaix, en esta ocasión, con 103 ediciones a las espaldas, la carrera empezó antes, había empezado mucho antes, de forma sibilina, sutil e invisible, cuando nevó de forma inmisericorde sobre el pelotón varias veces, en un “día gallego”, de nieve, lluvia y sol casi al unísono, aunque con un frio perenne de compañero.

El frío es algo horrible para competir, te mina los reflejos, la efectividad muscular y sobretodo te mata psíquicamente. Si al frío le añades humedad y lluvia tienes el círculo de las calamidades. El proceso de deterioro no se ve desde la televisión, no se aprecia en ataques, movimientos y novedades sobre la carretera, pero está ahí, en el cuerpo de los corredores, dejándoles tiesos, sin recursos.

Este largo preámbulo, en apariencia inocuo, responde a que estas carreras que llamamos monumentos, que superan ampliamente los 200 kilómetros, que cuando otras acaban, éstas empiezan, son una suma de muchísimas cosas y un frío temerario incluye muchísimo. Valverde, en insultante estado de forma acabó fuera del top ten, por ejemplo.

La Redoute, Roche aux Faucons,… la contatenación de cotas fue la habitual de cada año. Movistar hizo la carrera perfecta hasta poco de meta, controlando como debía y sacando del armario un Betancur que no conocíamos desde que ganara la París-Niza de hace dos años. El colombiano bailó en vanguardia por las barriadas de San Nicolás y alrededores para desespero de un Etixx que no encuentra el punto.

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La esperada calle de Naniot, un adoquinado de esos que sacan por docenas cada año en Flandes, fue clave. Despedezó la carrera, pero del todo además. Etixx puso el plan A en marca, Julian Alaphilippe arrancó, pero no había gas -quizá por ese frío que arguíamos al principio- y cuatro inesperados tomaron distancia.

Y esos se jugaron el triunfo. En liza, Michael Albasini, perro viejo, como su compañero Simon Gerrans, de esos que no acostumbran a perdonar y que esta vez se vio superado en el último suspiro. Samuel Sánchez, que nunca pareció en la partida, y su baza fue una sorpresa que el cansancio le impidió provocar. Luego Rui Costa, un ciclista que nos encanta, que ganó un mundial por méritos propios a partes iguales con la ineptitud del combinado hispano, un ciclista que casi siempre resulta pestoso, para ganar uno hace valer sus argumentos, y el luso el primero, pero no puedes pretender que te hagan siempre el trabajo sucio.

Ganó Wouter Poels, para él la mejor edición de Lieja en bastante tiempo. El holandés le da, asombraros, el primer monumento al Team Sky, con más de seis años en el pelotón, seña de lo complicadas que son estas carreras. No creo que su estrategia fuera mejor que la de otros, para mí ganó porque fue el más fuerte y si vimos Sagan palmar contra Kwiatkowski y Van Avermaet, hoy Poes superó a Rui Costa.

La victoria de Poels es justa por las veces que le ha tocado joderse por otros, y pone acento sobre su calidad, tan grande que no me extrañaría que al mínimo desliz le tomara la delantera a Mikel Landa en la jefatura para el Giro. Lo veremos en menos de un mes…

Imagen tomada de FB de Team Sky

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