La locura británica con la bicicleta

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Este fin de semana lluvioso y frío, parece que el invierno, con los años, empezará en serio a eso del primero de mayo, hemos tenido el epílogo final de Romandía, del cual Gerardo Fuster nos regala una crónica de regusto de antaño, y la celebración de Vuelta a Asturias, que acaba en lunes, curioso, y del Tour de Yorshire.

Queremos centrarnos en éste último, y en lo que ha implicado porque es tremendo lo que el ciclismo está consiguiendo en las islas, cuando la bicicleta fue por aquellos lares un elemento extraño, cuando no un estorbo, hasta no hace tanto.

El Tour de Yorkshire es el tentáculo de ASO en la Gran Bretaña, pero no en cualquier sitio, no, en el pleno centro y corazón de la isla grande, en el meollo del lugar, en un sitio que como describe Peter Cossins para la colaboración que le pedimos en el libro de Orbea, le recuerda tanto al País Vasco, que parece hecho para el ciclismo y la bicicleta.

Pues bien, en ese enjambre de colinas, que vio la salida más multitudinaria del Tour de Francia en años, se ha celebrado la segunda edición de su vuelta con una cifra estimada de dos millones de espectadores en la cuneta para ver ciclistas, bajo un cielo descargando frío y agua en sólo tres días de competición.

La imágenes que nos llegan del evento son propias del Tour de Francia, con gente, tres y cuatro hileras de personas, haciendo de paredes humanas por toda la ruta, con estampas preciosas, de plena primavera, que bien parecen la Lieja, con stands y filas y filas de patrocinadores, moviéndose y haciendo negocio, con una proactiva campaña de uso de la bicicleta entre la gente del lugar, con la integración de carrera femenina y eventos para los más pequeños.

Sólo la cuenta oficial del evento supera los 100.000 usuarios y su Community Manager es un activo retuiteador de todos los aficionados que están a pie de carretera esperando o animando el pelotón.

La llegada final entre Thomas Voeckler y Nicolas Roche habla de evento grande, mucho más grande que el entramado de meta de Romandía en Ginebra, en medio de los hoteles más pijos y caros del viejo continente, o que muchas de las carreras históricas del calendario, casi todas por cierto en España.

Si el otro día, hablamos de los problemas que emergen en el Team GB para Río de Janeiro, del positivo de Simon Yates y del embudo del Team Sky, ahora aterrizamos sobre la realidad, colorida y envidiable de un país que vive el ciclismo como algo tan propio que entra en competencia directa con los grandes teatros del viejo continente. Ojalá su ejemplo cunda, y la bicicleta cale en foros mucho más próximos.

Imagen tomada de @letouryorkshire

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