Se olvidaron del ciclismo

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La incursión de los automóviles en nuestra cultura y su conquista de los espacios públicos han acabado por generar el movimiento contrario en nuestras urbes, transformando sus calles en lugares de difícil acceso para los coches, ganando importantes aéreas peatonales.

Se estrechan calles para convertirlas de sentido único y las avenidas se pueblan de rotondas, badenes en los pasos de cebra, bolardos y pivotes a diestro y siniestro. Menos humos en la vía pública, cuya rutina sólo se podría ver afectada por un evento al aire libre. Se olvidaron del ciclismo.

Se suprimen vías de tren y pasos a nivel logrando mayor fluidez del tráfico. Se construyen puentes, variantes o rutas periféricas. Se olvidaron del ciclismo. La bici por el centro de las ciudades está limitada únicamente a manifestaciones de carácter popular y reivindicativo y luego por el carril bici el resto del año (si lo hay).

Quienes organizamos “carreras de bicicletas” (como antiguamente eran definidas), nos lamentamos y tratamos de que acepten el paso de nuestras pruebas por las tortuosas y a veces estrechas vías del corazón de las ciudades.

Una localidad invierte dinero en un espectáculo de tales características y resulta contradictorio que para hacerlo visible ubique el foco de atención en las afueras porque ha convertido su corazón en un algo casi como fortaleza de intrincado acceso.

Pero nosotros estamos empeñados en llegar al meollo. Vamos, venimos, volvemos a pasar y cuando creemos haber derribado la muralla, chocamos de frente con la realidad municipal como la que describimos aquí:

Requerimientos de planes de seguridad por parte de profesionales que son quienes en realidad tienen esa competencia y de quien se espera colaboración en lugar de exigencias. En lo que representan, somos nosotros como organizadores quienes venimos a solicitar ayuda y cooperación y no viceversa, ya que se da por sentado que ellos son los expertos en temas de planificación, regulación, restricción y control del tráfico.

Que nada oiga, que es un capricho inaceptable ofrecer la imagen de ciclistas transitando a “toda pastilla” por las calles adoquinadas, por detrás de la iglesia de la Merced o por la subida al camposanto. Se olvidan del ciclismo. Nosotros no, y estamos empeñados en meter la “serpiente multicolor” hasta los soportales del Ayuntamiento si hace falta. Que la gente vea, se asome por encima de las marquesinas de bares y cafeterías, salga a los balcones y ocupe las aceras porque viene la carrera.

Por Agustín Ruiz Larringan

Imagen tomada de FB de Strade Bianche

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