La luz belga

0
19
vistas

No son días fáciles en Bélgica, un país que no es otro cualquiera para quienes amamos el ciclismo. Su tricolor negro, amarillo y rojo es emblema, auténtica franquicia del paraíso ciclista, su bandera flamenca, no hablemos, incluso el gallo valón. Es un país de nacionalidades tan distanciadas que su sola concepción del ciclismo les define. Flandes, rural, vecinal, íntima, como los espesos adoquinados húmedos y rebosantes de musgo, dividiendo campas horadadas por las guerras mundiales. Valonia, afrancesada, cosmopolita, con su decana y su flecha.

Id a Lovaina, entre su precioso callejeo y os abrumaréis con las bicicletas, como avispas, por doquier, doblando esquinas, saltando bordillos, vistiendo su flamígero ayuntamiento, haciéndote sentir raro si vas a pie. Un país que ama la bicicleta y el ciclismo como no hay otro igual, con símbolos, personas y faros en su historia, una historia que rompe en Flandes cuya carrera reina, De Ronde, cumple cien años ya.

Se debatió mucho sobre la conveniencia de celebrar A Través de Flandes, una semiclásica de tercer rango pero preciosa, 24 horas después de los atentados de Bruselas. Se debatió tanto que incluso la propia organización se rectificó, tras decir una cosa y lo contrario en poco tiempo, pero menos mal que la hicieron, porque fue un ejemplo de los males que la bicicleta y el ciclismo pueden suturar: pueblos en la calle, gente por doquier, una entrega total y absoluta de los corredores,… un espectáculo que nos emocionó porque coger la máquina y ponerla a rodar, aturdidos por el golpe, acartonados por el miedo, no es sencillo.

Mirad la carrera que fue si tenéis un momento, es una fiesta de ciclismo y deporte, y como tal un homenaje a la desgracia de horas antes,  una de esas muchas clásicas que desde el helicóptero son sensacionales, con veinte cortes, veinte grupos persiguiéndose en una de esas rectas. Crespones negros, luto obligado, pero ciclistas vestidos de héroes ante la adversidad, Greg Van Avermaet anduvo cerca de ganar con un ataque de esos que sacan la generosidad por doquier. Ganó un ciclista que lo tiene todo para ser un grandísimo clasicómano, Jens Debusschere, rápido, fuerte, rodador y potente. Es un Johan Museeuw en potencia.

Me alegró que ganara Jens Debusschere porque lo hizo para el equipo que pone los valores del ciclismo en Bélgica sobre el tapete, el Lotto, que calza la “flaca” belga por excelencia -Ridley- y lleva su tricolor en el maillot. Ahora Harelbeke y Wevelgem, que no pare lo que es una fiesta, que no se apague la luz belga.

Imagen tomada de www.ddvl.eu

INFO

Hemos probado las instalaciones del RH Bayren para ciclistas y en breve os contaremos qué tal, pero sólo adelantaros que estuvo genial. 

Publicidad

Deja un comentario