La luz de Fabian Cancellara se apaga

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El 11 del 11 hemos sabido que Fabian Cancellara está en capilla para abandonar el ciclismo, una noticia que no puede pasar de largo sin reflexión, por mucho que aquí quememos letras y párrafos con la frivolidad que mueve nuestro mundo.

Hay veces que un enfermo recibe impulsos del cuerpo, malestar, dolor de cabeza, de cuello, cansancio… son señales, dicen algunos, formas que tiene el cuerpo de avisarnos que las cosas no van bien, o no al menos de la forma que debieran. En Cancellara estas señales no le vinieron de su cuerpo, que con normalidad ha ido respondiendo y sacando adelante los no pocos desafíos que le han tocado sortear.

Los avisos de Cancellara han tenido más que ver con la suerte, aunque en el fondo son avisos. Caídas durísimas, dos este año, que le han apeado de sendos objetivos: clásicas y Tour. La primera: un día entre semana en Harelbeke, una clásica que ni siquiera es Flandes ni Roubaix, en uno de esos momentos en los que te preguntas: “¿Qué hago yo aquí?”. La otra fue en el Tour en la espatarrante escena camino de Huy, con el pelotón desgajado y él con sus lumbares machacadas y nuevas fracturas.

Pero es que además Fabian empezaba a sentirse como ese viejo cascarrabias que no comulgaba con lo que otras veces habría pasado sin problema, hablo del día de la copiosa nevada del Terminillo, una eventualidad que difuminó la épica de Nairo pero que no pudo ser prevista unos momentos antes.

Las señales de Fabian, y eso es lo que quizá nos entristece, no han venido de la carretera ni de la competición. El de Berna, en cuyo hermoso meandro hará parada y fonda el próximo Tour, no ha sido batido en buena lid por sus rivales. Es más, la última vez que estuvo delante en un monumento fue el año pasado, en Roubaix, y sólo un Quick Step en mayoría pudo pillarle a contrapié con el ataque de Tersptra. Una semana antes logró un antológico Tour de Flandes batiendo al sprint a Greg Van Avermaet. En las cronos es otro cantar, a su compi de generación, Wiggo, cabe añadirle la sombra de Tony Martin y la potencialidad de Tom Dumolin.

Tiempo habrá para valorar la trayectoria de Cancellara, entre los 10-15 mejores clasicómanos de siempre casi sin dudarlo, no obstante aprovechamos para poner en solfa la decisión de este bravucón suizo que creo que dejará un espacio tan grande que hará difícil no presenciar una clásica sin oír su nombre o el de su antagonista, Tom Boonen, corredor con el que se ha medido en la historia mucho más que en la carretera pues cuando no falló uno, lo hizo el otro.

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