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La manoseada marca “Astana” se reinventa por enésima vez

Mundo Bicicleta

La manoseada marca “Astana” se reinventa por enésima vez

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo
Grandes urbes han acuñado su historia en este deporte en base a acoger grandes eventos y las mejores carreras. Casos obvios, otros menos, o no a la vista del gran público al menos, como es el caso de ciudades medianas y privilegiadas por este deporte tales como Lieja, Valkenburg o Briançon. El camino natural para entrar en el mapa del ciclismo o la forma de que el ciclismo te ubique en el mismo sigue normalmente esta regla no escrita pero dadas por buena.
Sin embargo Astana es un caso raro. La ciudad de Astana entró en el ciclismo sin saber muy bien a qué responde su reclamo, si se trataba, como era el caso, de una ciudad –con su consiguiente emblema turístico-, o de una marca, o de un conglomerado energético de esos tan habituales en el centro de Asia.
Astaná arribó al ciclismo en 2006. La sepultación del Liberty a raíz de la Operación Puerto y sus nefastas consecuencias dejaron despoblado uno de los maillots más apetecibles del pelotón. Entraron de la mano de Alexnadre Vinokourov, un hombre fuerte dentro de la jerarquía de su país que ejerce cuasi de primer ministro sin figurar tal cargo en su tarjeta de visita por bien que opte ahora a serlo de forma reconocida. Su mentor en esos días que compartieron patrocinio con Würth fue Neil Stephens.
Al año siguiente la estructura siguió adelante con bandera suiza de la mano de Marc Briver y la incorporación de grandes nombres tipo Andreas Kloden con el Tour por objetivo hasta que la máquina le pitó a Vinokourov y Andrei Kashechkin. En el ostracismo, el lobbie kazajo perdió control objetivo sobre el equipo gestado en sus entrañas con el desembarro de los hombres de Bruyneel, tercer manager en tres años, huérfanos de patrocinio tras el cese de Discovery Channel. Con el belga vino el furor y Contador volvió a lucir los colores del equipo ahora bajo amparo luxemburgués. Las estrellas en su seno se multiplicaron: Leipheimer, Popovich,… Años de champagne y laureles. Doblete del pinteño en Giro y Vuelta, veto en el Tour más redoble de trompeta, el regreso de Lance Armstrong. En 2009 el furgón de Astaná causaba histeria por donde surcaba. Nueve corredores, tantas como estrellas en un equipazo tal que rara vez la historia ha visto algo similar.
La fractura entre los grandes líderes despoja del lado americano al equipo, ahora en arraigo kazajo, quedando en manos de Guisseppe Martinelli con Alberto Contador cual cabeza visible y un equipo arregladete alrededor. Vinokourov gana la Lieja, no sabemos si en buena lid o no, y Contador el Tour de la cadena de Andy. La historia dura un año. El pinteño y su troupe se piran al Saxo Bank y el conjunto lo acusa con una temporada muy discretita en la que Roman Kreuziger empieza a mostrarse como eso, una “eterna esperanza”, mientras Vino da los triunfos más notables hasta que se hace trizas en el Tour. Once triunfos, salvo el de Tiralongo en el Giro, se muestran bagaje escaso para tal inversión. Paralelamente Astaná acogió la primera manga de la Copa del Mundo de pista como queriendo diversificar. También habla de un equipo B.  
Ahora en una especie de guerra civil sobre el rumbo del equipo entre Vino y su antes inseparable Kashechkin ponen sus fichas sobre otra figura cuyo paso de los años no redunda en resultados, Janez Brajkovic, recién salido de una mononucleosis “fantasma” y huyendo como Leipheimer del Radio Shack para omitir a los hermanos luxemburgueses. ¿Será el esloveno la pieza que le dé sentido a todo este entramado? Permítannos que lo dude.
Os guste o no, justo debajó lo podéis expresar. 

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo
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