La matrícula de Peter Sagan

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Cuando Peter Sagan pasó a engrosar el staff del Tinkoff se dijo que el objetivo del ciclista, que pese a lo joven que es ya camina por las 80 victorias de pro, era abrir el palmarés a los monumentos, principalmente. Eso se anunció el primer día, se puso acento en la calidad y no cantidad. Sagan llegaba al equipo del magnate ruso con triunfos en muchas de las carreras del World Tour, coleccionaba etapas en Suiza, Tirreno, Lombardía, incluso el Vuelta y Tour. Hubo un año incluso que hizo casi pleno en California, la carrera que nos ocupa estos días.

Sin embargo, echando cuentas, cuatro meses después de iniciarse la competición, creo que la apuesta de Peter Sagan ha salido rana hasta la fecha. Dos triunfos, dos, que no son otros que sendas etapas en Tirreno y California, -cabe añadirle la genera final a última hora de la tarde- frente a rivales que, marcando las diferencias, no fueron los que destaparon sus limitaciones en la agrandes citas, ni en las clásicas, donde el eslovaco protagonizó alguna de las explosiones más sonadas de los últimos tiempos. Aun nos vienen a la mente los estacazos de Harelbeke gentileza de Geraint Thomas y el de Flandes, cuando no tuvo arrestos de ganar a un ciclista inferior en velocidad como Greg Van Avermaet. Dice Flecha que caminaba bloqueado, nosotros lo vimos explotar. Sencillo.

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Es como si la suerte que siempre sopló a favor de Peter se volviera en viento huracanado de cara. Dicen, comentaron, que el ciclista se entregó a placeres terrenales en invierno, sinceramente eso siempre se cuenta en estos casos, sea como fuere el bloqueo que aturrullaba al corredor fue patente en muchos momentos. Como si su depósito se vaciara a la unísono. Seco, roto y cabizbajo. Ni siquiera pudo pisar el podio de un monumento, algo que sí logró años atrás.

Con todo parecía que en California estaba recuperando el resuello. Con el “boss” empeñado en bajarle el suelo y  siguiendo en persona la evoluciones de Contador en el Giro, Sagan se vio en la “cuarta grande”, este año menos grande porque California ha sido una merienda de cuatro, con la carrera que quiso hasta que llegó otro, otro más que le ha amargado el trago, y no es un cualquiera, es Julian Alaphilippe, un corredor que como Sagan brilla desde joven.

En la subida a Baldy el francés le dejó sin liderato, ahondado en esa sensación de que cada vez son más los que le han tomado la matrícula a Sagan, que por H o por B, le acaban ganando allí donde hubo un tiempo que fue imbatible. Alaphilippe, como Geraint, Van Avermaet, Kristoff, Ciolek, Trentin,… se une a la lista de verdugos de Peter Sagan, un ciclista lastrado con pólvora mojada allí donde siempre hacía diana.

Imagen tomada de www.tinkoffsaxo.com

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