La medida de Vincenzo Nibali

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Poniéndonos serios, sin que la euforia del momento nos embargue, tomando perspectiva y viéndolo con calma, Vincenzo Nibali sigue siendo el mejor posicionado para ganar la Vuelta a España. Esta opción estaba clara, era obvia, hace veinticuatro horas, cuando la carrera estaba en Francia. Sin embargo el ciclismo como deporte de suspiros, de pequeños lapsos de tiempo, se da la vuelta cual calcetín en medio segundo, y este caso fue en el paréntesis de duda que muestra el líder cuando uno de sus rivales ataca.

Y en Formigal ocurrió que cuando la etapa moría, y Rigoberto Uran y Warren Barguil se iban a jugar el premio parcial, el líder Nibali vaciló ante un ataque de Alejandro Valverde. Esa duda le valió la desbandada y la desnudez de argumentos ante todos esos rivales que días atrás se manejaban jadeantes a su rueda.

En honor a la verdad, esta Vuelta a España, aunque a cuenta gotas, nos deja un buen balance cuando justo queda el último tercio de su disputa. Sin embargo la general presenta unas diferencias, si tomamos hasta el sexto, Thibaut Pinot, más allá de los cuatro minutos que entendemos se han generado sin estridencias ni vuelcos espectaculares. Nibali ha tenido el don de estar ahí, siempre en segunda línea mientras un día destacaban unos y al siguiente otros. A estas alturas de la temporada no se pueden pedir maravillas.

Por que la carrera del italiano ha sido recta y plana pero sin los titubeos de sus rivales. El entrañable Horner por ejemplo estuvo horroroso en la crono y lo pagó con la prenda de líder. Valverde y Purito aún no han mostrado el golpe de pedal que desborde, salvo en el últomo tramo de Formigal, mientras que Nicolas Roche parece encantado con el premio que le toca vivir en esta carrera y Thibaut Pinot es una montaña rusa.

Con todo, la sima que ha mostrado el líder en las carreteras aragonesas abre la idea de que no todo es tan perfecto en Astana, ese bloque que poco antes de que su líder entrara en crisis tiró a por los fugados como sí al siciliano le apeteciera jugar a ganar la etapa. Llegados a este punto bien haría Nibali en controlar rasamente la carrera, en lo que a la general se refiere, aunque ello le valga su segunda Vuelta a España desprovista de triunfos parciales.

Por otro lado, parece que el tránsito pirenaico ha generado espectáculo por combustión. Sin nadie que ejerza de dinamitero, en eso se echa a faltar a Alberto Contador, han sido el ritmo endiablado y el frío y la lluvia andorranos quienes han ejercido de catalizadores para que el Formigal se abriera la puerta a una sorpresa que no parecía probable.

Por que Nibali es un gran ciclista, qué duda cabe, pero no dejemos de ver que sus mejores éxitos han sido en carreras donde la competencia no pareció la mejor. Ni Ezequiel Mosquera hace tres años, ni Uran ni Evans en el último Giro, parecen marcar las medidas reales de un ganador con todas las letras. Ahora Nibali tiene ante sí un reto mayúsculo, cinco jornadas donde le van a dar hasta en el carnet y la ardua tarea de priorizar a por quién salir y por quién no. Al final el propio desarrollo de la carrera nos desacreditará y hasta veremos una Vuelta que merezca la pena. Así lo esperamos.

Foto tomada de www.lavuelta.com

 

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