¿La mejor etapa de nuestras vidas?

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La vigésima etapa que hemos presenciado con no poco entusiasmo y con un final apoteósico en la población alpina de Sestriere, en la penúltima jornada de competición de este Giro que nos ha mantenido en vilo durante tres largas semanas, ha constituido un hito a todas luces importante para recordar por parte de los miles y miles de aficionados que han podido seguir de cerca su desarrollo y sus vicisitudes diarias.

Sabíamos bien de sobras que la etapa en cuestión almacenaba una particular dureza por su configuración un tanto intrincada, especialmente al tener que salvar la difícil ascensión al Puerto de Finestre, con sus 2.178 metros de altura y un porcentaje medio de pendiente del 9,2%, aparte de 8 kilómetros a transitar sobre tierra batida, es decir, cual fuera una simple carretera forestal. Allí, además, la ronda italiana rendía homenaje al inolvidable y malogrado campeón ciclista de otros tiempos, Fausto Coppi, un atleta del pedal que dejó profunda huella en el deporte de las dos ruedas.

Un mal momento atenazó a Contador  

Alberto Contador, poseedor de la camiseta rosa que distingue al líder, tuvo que afrontar unos momentos muy apurados en este collado que hemos mencionado más arriba, dado que posteriormente como colofón final la etapa culminaba en la localidad, repetimos, de Sestriere, con una subida no exigente y calificada de tercera categoría. La alta capacidad física mostrada días pasados por el corredor de Pinto decayó en un mal momento, precisamente en la aludida subida de Finestre. Aquella pesadilla fue solventada a la larga, no de manera fácil, en virtud del botín de minutos de ventaja que había acumulado en las etapas del Giro celebradas con anterioridad. Esta oportuna reserva le ha salvado de la quema.

Lo cierto fue que el joven Fabio Aru, que volvía por sus fueros tras haber sufrido en este Giro un período algo opaco, pudo ganar la etapa, la segunda consecutiva, al igual que lo había conseguido el vasco Mikel Landa, dicho sea de paso, una sugestiva revelación en esta ronda por etapas, al darse a conocer concretamente en Madonna di Campiglio, término de la 15ª etapa, y en la siguiente, al coronar en solitario la ascensión al Monte Aprica. Entre una cosa y otra, pues, Contador ha salvado su lugar de privilegio un poco por los pelos al quedar en la tabla de la general con una ventaja suficiente para salvar su preciado liderato sobre el batallador corredor Fabio Aru (24 años), oriundo de la isla de Cerdeña, apoyado muy de cerca por su fiel servidor de equipo, el ciclista norteño Mikel Landa, al que auguramos un loable porvenir dada su juventud. Contador supo sobreponerse con indudable pundonor y esforzada voluntad. Escrito está pues que el corredor madrileño ganará su segundo Giro. Su primer triunfo lo consiguió en el año 2008, excluyendo la  descalificación que padeció en la temporada 2011.

Las cartas al descubierto

El meollo de la cuestión, léase etapa, no cobró emoción e incluso incertidumbre hasta los primeros lances de la tormentosa subida al denominado Colle di Finestre, según la nombran comúnmente los habitantes italianos. Había que superar nada menos que cuarenta curvas o revueltas cerradas en forma de herradura y a cuál peor. Rompió las hostilidades, el ruso Ilnur Zakarin, dado que las escaramuzas registradas con anterioridad fueron de poca importancia.  Fue un espectáculo aleccionador aquella carretera de tierra batida y empinada, con una fila confundida de corredores en pos de un poder invisible. Al paso de la caravana multicolor, se levantó una densa polvareda que envolvía el ambiente y a los mismos ciclistas bajo unas siluetas algo desdibujadas. Viendo todo aquello, nuestra mente retrocedió automáticamente al pasado, a otros tiempos de antaño. Recordábamos al ciclismo de otras épocas, aquel ciclismo sufrido que nos hizo vibrar a cualquiera de nosotros, los que tuvimos a mano la dicha de poder presenciar y admirar.

El control de la carrera lo llevó acusadamente el equipo Astaná, protagonista de las operaciones y hasta dominador de la situación. Contador pronto quedó sólo para soportar las ingratitudes de la ruta. Nos percatamos enseguida que su cuerpo danzante sobre los pedales a primera vista flaqueaba. Tras Zakarin surgió el ímpetu desenvuelto de este vasco de Murguía llamado Mikel Landa, que llevó a cabo una portentosa labor a favor de su compañero, Fabio Aru, que pedaleó tras el dúo de cabeza, acompañado por el canadiense Ryder Hesjedal, el colombiano Rigoberto Urán y el corredor de estonia, una novedad, Steven Kruijswijk, mientras que Contador, se debatía sin ayuda de nadie. Fue soportando el ritmo tal como en aquel momento podía.

Parecía que se lo tomaba con cierta calma, aunque de seguro que la procesión le iba por dentro. En sus alforjas trataba de conservar en lo posible los minutos que poseía, aunque el cómputo de tiempo iba disminuyendo paulatinamente. A la vista de la localidad de Sestriere, se alzaba sin tapujos una subida poco agresiva y perfectamente asfaltada. Contador se limitó a seguir pedaleando con paciencia y hasta con cierta tranquilidad. Finalmente, todos lo sabemos, le quedaron un par de minutos de oro, el colchón de su éxito. Se acabó la jornada y la gloria volvía a sus espaldas.

Por  Gerardo  Fuster

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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