La nieve que no paró a Loroño

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En los años cincuenta España era un país dividido por la afección y cariño ciclistas. Unos eran de Bahamontes, los otros de Loroño, una rivalidad que trascendió al ciclismo en un país chafado por las servidumbres de la dictadura y la intervención internacional, al estilo griego, de una economía que no arrancaba.

#DiaD 4 de mayo de 1957

La salida de la Vuelta a España de 1957 se hace desde Bilbao en medio de unas borrascas que amenazaban frío y nieve. En la tercera etapa la carrera se sitúa en los contrafuertes de la Cordillera Cantábrica. Bahamontes gana en Mieres y enciende las iras de Loroño.

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Al día siguiente la carrera se iba hacia León pero por medio estaba el Puerto de Pajares. Desde el inicio los chubasqueros, ropa y capas corren por el pelotón. La tormenta de la salida se convierite en copiosa nevada según se gana altura. Los franceses, Géminiani al frente, arman la trisca y Loroño se suma a ella. En el repaso de los fugados falta el ganador del día anterior, Bahamontes.

Alentado por la ausencia de su rival más feroz, Loroño se deja la vida en distanciarle en medio de una sabana de remolinos blancos y helados. Paulatinamente corría el convencimiento de que suspender la etapa era lo más adecuado. Llegados a un punto, en el vientre de Pajares, la caravana pone pie a tierra, pero ello no persuade a Loroño que sigue y sigue golpeando la máquina con la violencia de la tempestad.

Unos lugareños, sabedores de cómo se las gasta el tiempo en la zona, le pararon y convencieron. Loroño se apea de la bicicleta turbado por la situación. No obstante, se demostró que era el más fuerte. Días después el vizcaíno se coronaría en Bilbao ganador de la Vuelta a España.

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