La paradoja del ciclismo holandés

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El cariño por el ciclismo que existe en los Países Bajos es obvio. Siempre, cuando hablamos de bicicleta y ciclismo miramos a ese pequeño país de provincias que ganó un día terreno al mar. El domingo, el Limburgo neerlandés acogió la carrera más importante del lugar, una carrera que por recorrido, paisaje, trazado y tradición debería ser preciosa, aunque en los últimos años se haya instalado en la más completa rutina.

En esa sintonía parece haberse embarcado en el “equipo de bandera”, el Lotto-Jumbo, uno de los World Tour históricos, por entroncar directamente con lo que fue el Rabobank, que no gana ni a tiros y lo que es peor, parece estar siempre lejos de los mejores puestos porque sencillamente corren mal.

La omnipresencia naranja del Rabobank en su Amstel, las carreras de Dekker, Boogerd y cía, ha quedado en poco o nada con los amarillos y negros del Jumbo. Robert Gesink fue el mejor del equipo, un ciclista prometedor que con los años, y algunos problemas de salud, ha quedado en la lista de ciclistas tulipanes que generaron unas expectativas que nunca pudieron cumplir.

También estuvo ahí Wilko Kelderman , un corredor sobre el que también hay muchas miradas y que este año pudo seguir a Mikel Landa en la primera llegada en alto de País Vasco y vestir un liderato que le duró un suspiro en la tremenda etapa de Arrate. Otro ciclista también importante y notable, ahora que viene el Giro, es Steven Kruijswijk, competidor de anchas espaldas que en la pasada edición de la “corsa rosa” tiró de carro casi tanto como Ryder Hesjedal y como el canadiense con pingües resultados.

Para la campaña presente, el líder de las clásicas en el grupo holandés, Sep Vanmarcke, retrasó su punto de forma con el objetivo de estar fuerte en las clásicas que le desvelan, Flandes y Roubaix. En la primera pisó el podio, en la otra quedó fuera de él, aunque estuvo por delante en el Carrefour. A Vanmarcke le pasa lo que a su equipo, siempre le falta algo, siempre un poquito, pero nunca gana.

Y es que el palmarés del conjunto neerlandés refleja esa triste realidad, dos victorias, ambas de Dylan Groenewegen, y en carreras ajenas del WT, una de ellas una etapa en la Vuelta a Valencia, por cierto. Escaso botín, desde luego y muy lejano a los tiempos Rabobank, ese equipo en cuyo armario residen notabilísimos casos de de dopaje y escándalos varios, algunos confesados y detallados años después. Un equipo en el que corrieron varios españoles, no siempre tratados como sus niños holandeses, si hablaran Luisle o Garate.

Por último, y no por ello menos importante, conviene poner el acento en que por aquellos lares no desisten. Los Países Bajos no ganan el Tour desde Zoetemelk, no pisan su podio desde Rooks y Breukink, han olvidado incluso la última victoria de los suyos en Alpe d´ Huez, la de Theunisse en 1989, pero siguen con pasion e incondicionalidad este deporte, esperando que un día les devuelva lo mucho que le entregan. Madre mía si en España hubieran pasado más de treinta años sin ganar el Tour, entonces el ciclismo habría perdido hasta el apellido.

Imagen tomada del FB de Amstel Gold Race

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