La París-Niza, una carrera caída en desgracia

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Dicen que la París-Niza se llama la carrera del sol porque al partir desde París siempre busca el sentido del astro rey, es decir siempre circula hacia el sur. Esta carrera es una de las últimas víctimas de la globalización que borra identidades y deja lo local en souvenir. La París-Niza que hoy luce moderna fue durante muchos años posible gracias al quehacer de la familia Leuillot. Luego la adquirió el genio rubio, Laurent Fignon, que la tuvo en cartera los años que ASO le permitió sobrevivir. Las malandanzas que le siguieron en su gestión las detalla en su libro y muchas tuvieron que ver con los mentores del Tour. Qué poca “grandeur”.

En 2002 ASO se hizo finalmente con su pieza que unida a otras de similar tamaño, dígase la Dauphiné, le sirvió para completar el puzle a base de pasar el rodillo, pues el histórico maillot blanco que vestía su líder pasó a mejor vida. La pieza quedó para las fotos de Sean Kelly y Miguel Indurain.

Esta edición de la París-Niza que acaba de coronar a Carlos Alberto Betancur no ha sido sencilla. En la primera jornada varios corredores hablaron de auténticas aberraciones en el circuito de competición, algunas indignas de una carrera de tal nivel, casi tanto como esas imágenes de un coche en contra dirección sobresaltando a un par de escapados un día después.

Luego vino el inusual comunicado de la organización a los equipos pidiendo respeto y diligencia a los ciclistas para con los lugares por donde transitaba la prueba. Al día siguiente los equipos se presentaron con puntualidad japonesa, demostrando el tremendo poder que sigue teniendo ASO, que con el Tour se sabe clave en la viabilidad de las escuadras que al final le pueblan de espectáculo e interés la ruta.

También pudimos presenciar un increíble tras coche por parte de Gianni Meersman que por el solo peligro que la situación desprendía debía haber sido atajado por los jueces en ese momento y no esperar a aplicar una sanción una vez se fue de la carrera porque además realizó tal acto con varias costillas rotas.

Al final la carrera no ha estado mal. Se rompió el guión monolítico de Porte y Wiggins, pero se desprendió que la participación distó mucho de la que sí está brillando en la Tirreno, y es que aunque parezca intocable, ASO también tiene flancos débiles y posiblemente éste no haya sido más que el primer capítulo en este juego de tronos que decide la suerte del ciclismo.

Foto tomada de www.merkabici.es

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