La participación de la Vuelta no es la gallina de los huevos de oro

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Hay euforia por la participación de la Vuelta a España. No es para menos. En la salida de Jerez, estarán, entre muchos otros, Carlos Betancur, Fabio Aru, Robert Gesink, Cadel Evans, Samuel Sánchez, Philippe Gilbert, Peter Sagan, Thibaut Pinot, Daniel Martin, Jonh Degenkolb, Joaquim Rodríguez, Chris Horner, Damiano Cunego, Jurgen Van den Broeck, Alejandro Valverde, Nairo Quintana, Gerald Ciolek, Rigoberto Uran, Tom Boonen, Tony Martin, Alberto Contador, Fabian Cancellara y Chris Froome.

Traducido al cristiano, vemos palmareses acumulados que reflejan cuatro Tours de Francia, tres Giros de Italia y otras tantas Vueltas a España, cinco Campeonatos del Mundo, unos veinte monumentos y unos Juegos Olímpicos, si bien, siendo exactos, deberíamos añadir el título de Brett Lancaster en la persecución colectiva de Atenas de hace diez años y el de Peter Kennaugh en la misma prueba de Londres 2012.

La nómina es excelente, por calidad de nombres y la cantidad de los mismos. Además muhos llegan necesitados de buenos resultados. Creo, siendo sinceros, que el Tour difícilmente habría igualado este listado y el Giro no opta al mismo desde hace años. Pero sin embargo, a  diferencia de las otras dos grandes, la Vuelta, con este plantel sigue teniéndolo complicado en un país de escasa cultura deportiva y de esfuerzo como España.

El Tour es el Tour, como dicen los gabachos “Le Tour c´ est le Tour”, y es cierto, este año con una criba bestial entre los grandes nombres en las primeras diez etapas, la carrera no perdió ápice de interés y seguimiento a nivel planetario. Es con diferencia el gran evento ciclista, con mayúsculas, con la grandilocuencia de los franceses. El Tour es el acontecimiento deportivo anual más grande del mundo, incluso tras todos los varapalos que le han llovido al ciclismo.

Luego el Giro está en otra división. Italia es ciclismo cuando el Giro rueda, incluso cuando coincide con los grandes partidos del Calcio. El Giro es una carrera de enormes pasiones, de personas entendidas en las cunetas y un seguimiento mediático que ha sido ejemplar en medio mundo. Ahí está ese programa llamado “Processo della Tapa”, un vivo ejemplo de lo mucho que genera esta carrera.

En España la realidad es más complicada y mucho me temo que la cosa se convertida en un entremés de tercer orden, desplazado por el arranque de la Liga de fútbol y otras menudencias del deporte rey. Es así pero real, y hasta que las tornas no cambien no tendremos una carrera que se mida a las otras dos grandes. Una carrera bella, que se singularizó por correrse en primavera y con grandes nombres de este nuestro ciclismo.

La Vuelta basa sus atractivos en dos grandes activos que a mi juicio son efímeros. Por un lado la participación, algo que no suele fallar pero que no garantiza grandes titulares en los medios más importantes ni se puede asegurar que vaya a ser buena. El otro es el recorrido, algo que enorgullece a la organización pero que no es otra cosa que el resultado de una carrera cuyo carácter no está definido. La Vuelta se ha convertido un asalto a la caza de grandes cuestas sin importar el ciclismo de pizarra y táctico pues en ello se cree que va la audiencia, cuando ésta es caprichosa y muy posiblemente se acabe cansando.

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