La Peña Cabarga: La cima que mira el mar

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Cantabria es pequeña. Pero este término puede ser muy relativo ya que esto no le impide ofrecer a cicloturistas de diferente pelaje, desde duras cumbres para escalar y probarse en sus severas cuestas, hasta carreteras junto a playas de aguas tranquilas para pedalear y rodar con tranquilidad.

Cantabria es la Montaña, como si no hubiese lugares, que los hay, más distantes del nivel del mar. Una tierra en la que más de su mitad está 600 metros por encima de su piélago, el Cantábrico, un mar duro que combate fuerte con sus altas olas.

Los naturales de la tierra son los montañeses, gentes que pueden estar separados por pocos kilómetros, entre los que viven en la alta montaña y los pescadores de la costa. Del litoral a los Picos de Europa, donde las alturas se disparan hasta los 2.500 metros.

Cantabria es verde naturaleza y azul de los cielos y el mar.

Terruño de difícil acceso en la antigüedad, donde las sierras han formado una barrera natural, Cantabria es equilibrio, entre el mar y el monte, entre la naturaleza y la obra del hombre.

Vamos a comprobarlo.

Parque Natural de la Peña Cabarga. Santander. Una de las ascensiones más duras que se pueden realizar en bici en esta bella tierra.

Como diría un buen amigo, “una subida para cicloturistas muy bien preparados”. Y con muy buen desarrollo, añadiría yo.

Pero estamos en junio. Nuestro mes. Estamos en nuestro mejor pico de forma y nos decimos a nosotros mismos ¿por qué no? El verano ha llegado y lo ha hecho para hacernos feliz, para que lo llenemos de colores y de sueños… cicloturistas, parafraseando la famosa canción.

Sol. Calor. Tiempo de playa. También de montaña. Mes de vacaciones para algunos, como pueda ser nuestro caso, disfrutando de esta joya que es Santander que nos recuerda nuestra infancia. Y nuestra juventud. Cuando pasábamos largos y cálidos veranos en inolvidables estancias junto al Cantábrico. Matinales de playa con la familia. Tardes de bici con los amigos, bajo el inconfundible canto de la chicharra. Salidas, a veces, a ritmo de verano azul. Otras, muchas, muy duras. El reto era alcanzar el alto de Peña Cabarga, una escalada muy exigente a este macizo santanderino, donde nos dábamos palos por todos lados y nos picábamos en sus inflexibles rampas.

Sudor. Calor. Cansancio. Fuerzas llevadas al límite. Meriendas junto al monumento a los marinos de Castilla. ¡Qué recuerdos!

Allí arriba, gozando en su cima de las vistas, contemplando toda la Bahía de Santander, los valles y los Picos de Europa, nuestros sentidos se abrían y observábamos fascinados cómo se conjugaban con fuerza todos los elementos de la naturaleza, el cielo y el mar, la montaña y el viento.

Hoy volvemos. Para allí que vamos. Le tenemos ganas.

Nos bajamos la cremallera del maillot. El día ha sido caluroso. Habremos rebasado los 30º grados con facilidad. Lo bueno que tiene salir a media tarde, aprovechando los largos días de junio, es que la intensidad del sol va bajando a medida que también nosotros vamos avanzando en nuestro pedaleo, mientras el sonido de las golondrinas, que tanto nos gusta también, cantando alegres y revoloteando entre los callejones, nos acompaña en estas primeras pedaladas mientras enfilamos la antigua carretera entre Santander y Bilbao.

Habremos salido prácticamente tocando la fina arena de la playa del Sardinero, para en apenas 20 kilómetros alcanzar el Mirador del Indiano, allí arriba. Así de cerca. Así de lejos. Pensar en este muro nos hace verlo próximo, porque a 14 kilómetros de Santander, enfilando la recta de Heras, encontramos el cartel que nos indica el camino a seguir para superar el resto. También nos dará la impresión de distancia, de mucho trayecto, pues en esos últimos 6 kilómetros, en los que comienza la diversión, es donde sentiremos en nuestras piernas toda la dureza de esta gran cuesta y, con dolor, después de tomarnos con calma sus tres primeros kilómetros al 10%, para llegar al falso llano de 500 metros, respirar profundamente, antes de encarar sus infernales 2 kilómetros y medio hasta la cúspide.

Por eso, la recomendación es tranquilidad, buen ritmo y no forzar mucho, estirar piernas en el descansillo, y afrontar con cabeza y piñón grande la pendiente que se nos vendrá encima con una empinada rampa de 200 metros al 22% de desnivel que se nos hará eterna.

No podremos olvidar las imágenes que vendrán a nuestra memoria, como fogonazos, recordando como reptaban por aquí, retorciéndose, escaladores de la talla de Joaquim Rodríguez, Chris Froome, Juanjo Cobo o Vasil Kirienka.

Pasado este trance, sólo nos quedará pedalear 500 metros más hasta la cima con una no menos exigente media al 8%. Un vértice fabuloso coronado por el Pirulí de Peña Cabarga.

Prudencia en el descenso y buen retorno, de nuevo, al mar.

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

Imagen tomada de www.vamosacantabria.com

INFO

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