La pequeña gran diferencia entre Rafa Nadal y Purito Rodríguez

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Dice Pepa Bueno: “Y en los deportes, dos números uno”. Y responde su interlocutora: “Dos números uno, sí, pero primero el de Rafa Nadal…”. En esta línea cronológica se relataban las dos hazañas del deporte español más allá de su adulterada Liga. Hablamos del programa de cabecera de las mañanas radiofónicas, y hablamos de lo que millones de españoles escuchan y hacen suyo en sus prioridades.

Rafael Nadal logró el número uno mundial en ese ese sistema insondable que el ATP una vez perdió frente a su antiguo poseedor, Novak Djokovic. Purito Rodríguez recuperó el cetro tras ganar el Giro de Lombardía y redondear una suma de puntos que viene de todo el año que más bien que mal queda clara con la otorgación de escalas dependiendo la carrera que hablemos.

Sin embargo lo que más llama la atención es la notoriedad que tienen uno y otro logro. No es novedad lo que significa Rafael Nadal en el deporte de este país. Sus logros son tales que posiblemente hablemos del deportista español más grande de los tiempos. Lo que toca se convierte en oro, se ha rehecho a varias lesiones, y suspicacias sobre si su rendimiento es milagroso o no al margen, se ha convertido en un referente de la superación e icono publicitario de primer nivel.

No ocurre esto con nuestros sufridos y vilipendiados ciclistas. Personas que cuajan jornadas inhumanas como la de Lombardia. Purito para ganar tuvo que apretar los dientes en un muro aledaño a Lecco cuando la carrera había cumplido las seis horas de incesante desgaste. Se mueven de aquí para allá y conviven con un estigma que no sé si alguna vez se sacudirán. Lo que en Nadal es esfuerzo, trabajo y tesón –valores que sin duda posee- en el ciclismo es milagro, artificio y trampa.

La desproporción en el trato de unos y otros es bestial.  Aunque no sé yo si este proceder tiene que ver con lo que rodea al ciclismo, desde su desgobierno a la ineficaz lucha contra el dopaje. La clasificación que ganó Purito por tercer año en los últimos cuatro se ha reformulado tantas veces que yo creo que al final ha dejado de ser objetivo incluso para los ciclistas. Aquel que cuaje una buena temporada, amase un buen palmarés y sume puntos por el normal desarrollo de su calendario puede acceder a tal plaza, muy complicada de lograr, pero que en una balanza seguro que no desplazaría al declarado de deseo de Purito de ganar la Lieja, por poner un ejemplo.

Y ese es el problema del ciclismo, que al final las cosas impuestas tan tanto rediseño y bronca no se las creen ni sus actores. Purito llevará una inscripción en la bicicleta que recuerde que es el mejor ciclista del mundo pero poco más. Rafa Nadal cada torneo que dispute se le recordará que es el tenista número uno del mundo, desplazará titulares y hará más grande su leyenda. Esa es la pequeña diferencia.

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