La pista española abre en Astaná un capítulo de dudoso final feliz

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Astaná, uno de esos milagros de la economía que nos ha llevado a la situación actual, basado en el sablazo a los recursos naturales y la planificación urbana no planificada, es este fin de semana epicentro del ciclismo internacional en su versión de pista. Así es, la capital de un estado centroasiático acoge la primera manga de la Copa del Mundo de pista, esa competición que calienta motores de aquellos que tienen a bien seguir una modalidad realmente minusvalorada frente a su vistosidad, que cada cuatro años ve como las mejores selecciones alinea de forma creciente sus estrellas para asegurar la plaza olímpica, esa que tenemos a menos de nueve meses.

De tal guisa la selección española llega a la fría y hormigonada urbe con una escueta selección de velocistas. Las loables palabras del seleccionador Martínez Oliver, en referencia a la ausencia de fondistas ante peligro de resfriado, no pueden hacernos perder la perspectiva de las estrecheces económicas. Un viaje complicado, para nada barato y las asistencias en el lugar encarecen la factura y seleccionador optimiza. Nada qué decir.
Lo que sí se ofrece a la zozobra es la enorme caída de futuros en nuestra pista. Se nos ofrece espantoso que la modalidad que dio un 25% de las medallas patrias de Atenas 2004 y también obsequió con alegrías en Pekín, otras tres, con ese “fuori clase” llamado Joan Llaneras, no haya sido tratada con el respeto que merece, un respeto, tomen nota, ganado a pulso por individualidades con nombre y apellido: Sergi Escobar, José Antonio Escuredo, Toni Tauler, Carlos Castaño, Asier Maeztu,… y el aludido Llaneras. Todos ellos fueron generosamente fotografiados en el podio, con y sin responsables políticos. Si anotamos que algunos están retirados y otros dedicados a menesteres ajenos el resultado es terrible. Podemos pasar de cuatro a tres y luego cero medallas en tres olimpiadas, sin solución de continuidad, en caso de que nuestros puntales, que ahora citaremos, lo eviten.
Y las esperanzas españolas por dónde pasan. Dado que en velocidad las cosas no parecen fáciles, la evolución de Juan Peralta y las esperanzas de verle en la “creme de la creme” del keirin nuevamente parece la baza más sólida. Nos cuenta el amigo Luis Román que las cosas en la velocidad pueden resultar más sencillas que en keirin, cuando de plazas en los JJOO hablamos.  Luego está la pareja de velocidad femenina, la formada por dos jovencísimas corredoras, la vasca Tania Calvo y la catalana Helena Casas, que cuales hormiguitas siembran de miguitas la senda a Londres. Lo tienen bien, estar en unos Juegos es lo máximo, siendo tan jóvenes además les puede venir pero que muy bien una experiencia. Tienen margen.
Hablemos de las bazas más sólidas, que son tres. Si como me dijo David Muntaner hace poco, las opciones de recuperar ciertas pruebas de fondo para el plan olímpico en Río de Janeiro están sobre la mesa, podríamos estar en unos juegos que en materia de fondistas puede ser de transición. La persecución por equipos es la primera pata de la mesa y parece que la cantidad ha traído calidad pues son mucho más que cuatro los que optan. Uno de esos candidatos es Eloy Teruel, un murciano que ha encontrado en el detestado ómnium su prueba, si bien la competencia es de aúpa. Y cómo no, lo mejor para el final, la mejor baza es la de Leire Olaberria, quien ya estuvo en un podio olímpico y ahora hace los deberes corre corriendo en el ómnium. Sus opciones están ahí, pero ojo, no es sencillo el logro, Sarah Hammer y Tara Whitten son rivales de talla XL. 
Si te ha gustado, que espero que sí, algo al menos, dale a alguna de esas pestañas de divertido, interesante,…

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