La primavera vacía de Patrick Lefevere

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Contando con corredores como Tom, Stybar, Trentin, Vandenbergh,… si no ganamos es un desastre. Especialmente en Bélgica” Niki Terpstra

Ahora sí, a 14 de abril de 2015, con 48 horas transcurridas desde la finalización de la París-Roubaix, podemos decir, y sin temor a equivocarnos, que el core de las clásicas de primavera -a falta de las Ardenas- ha sido un fracaso sonoro y obvio del Etixx-Quick Step, o lo que es lo mismo, las huestes de Patrick Lefevere, una leyenda en esto de ganar apabullando clásicas del adoquín que ha demostrado que incluso con todos los medios del mundo, y alguno más, hay cosas que el dinero no pueden sustituir, incluso cuando el talento de tus ciclistas es tal, que se escurre por entre los dedos de tus manos.

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La primavera ya arrancó con una carrera que fue sintomática de lo que habría de venir. En efecto, hablamos de la Het Niuewsblad, esa prueba que ocurrió hace más de cinco semanas y que implicó el perfecto ejemplo de como no se debe manejar una competición si bien dices que la victoria se marca en tu ADN. Ganó Stannard por delante de tres del mismo equipo en el sumun del despropósito, y eso que ese día corrió el estilete que todos dicen marca la diferencia, Tom Boonen, un corredor tan ausente desde hace tanto tiempo, que su recuperación para grandes empresas resulta complicada de creer, aunque sólo sea por la mala suerte que le frecuenta.

A pesar de que al día siguiente Mark Cavendish palió en cierto grado la desazón, ya no habría más laureles para el Etixx, ahí se acabaron todos, porque meter la Strade en este paquete de clásicas adoquinadas no sería correcto, aunque sólo fuera porque hablamos de una carrera que, aunque prestigada, no se puede medir a las clásicas y se semiclásicas que desvelan a los belgas.

Pasando también página en San Remo, donde Katusha y Giant demostraron que con talento bien gestionado se sacan mejores resultados que con dinero a manos llenas, desde E3 a Roubaix, la primavera ha sido un quiero y no puedo para los belgas con actuaciones trufadas de errores garrafales como el cable de Niki Tersptra para que Kristoff ganara a placer Flandes o los erráticos movimientos de sus fichas, camino de Roubaix. Siempre en superioridad, nunca con la victoria bajo el brazo.

En E3 Geraint Thomas ganó con solvencia a Stybar y en Wevelgem, Paolini, un corredor que estaba castigadísimo, como todos pero quizá más que el resto, les birló la cartera siendo, una vez más, el equipo con más presencia, exactamente lo mismo que en La Samyn, donde Meersman, el hombre rápido del equipo B, no pudo si quiera sacar punta a otra superioridad numérica.

Sangrante, aunque quizá poco vista, fue la derrota de Michal Kwiatkowski en A Través de Flandes, en la que fue víctima de la racanería de Dylan Van Baarle y de la pizarra limpia y lúcida de los Topsport, equipo de segundo escalafón, con muchos menos posibles, pero con una ilusión que suplen otras ventajas.

Seguramente, cuando toque hacer balance, pese la caída y posterior baja de Tom Boonen, pero que quieren que les diga, Kristoff, Degenkolb, incluso Geraint, corren sin un coco que es guarde la espalda, lo hacen a pelo y ganan, y lo hacen porque dominan la escena como Etixx ha demostrado no saber hacerlo y cuando la evidencia del resultado es tan obvia huelgan matices y excusas. Ahora que descorchen la cerveza editada para la ocasión.

Imagen tomada de http://www.etixx-quickstep.com

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