La realidad impondrá la bicicleta

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Aunque la semana pasada nos parezca parte de nuestra prehistoria, por la cantidad de cosas que nos han ido contando estos días, está ahí, cerca y es pasado muy reciente en nuestras vidas. La semana pasada recordaréis las alarmas que saltaron en Madrid porque eso que llaman boina de contaminación, que no es más que la mierda que sueltan los coches, entre otras cosas, en multitud de trayectos prescindibles, se hizo tan densa que amenzaba la salud de los ciudadanos.

Esa amenaza invisible cuando vas por la calle, pero que nuestros pulmones bien perciben, causa unas 27.000 muertes prematuras al año, ya veis 27.000, una amenaza sutil, heredera de nuestra cultura del coche que no nos solivianta como un atentado terrorista, pero que es una losa para la salud pública.

Otro dato, en Valencia, su alcalde, Joan Ribó, que se hizo famoso por llegar al ayuntamiento en bicicleta, dijo que no le extrañaría que la anterior alcaldesa, la incalificable Rita Barberá, hubiera “disimulado” los datos reales de contaminación. Si a mí me preguntáis si esto ha podido ser posible, pues no puedo decir otra cosa que claro que sí. Mirad Volkswagen y la excelencia alemana, nos la han clavado pero bien. Credibilidad cero.

El lobby del coche siempre será poderoso. Como todo ente transversal tiene muchas formas de hacerse valer: se sirven de la innata vaguería de personas que van al gimnasio en un vehículo, al tiempo que alimentan la necesidad de que sin coche no se puede vivir mientras saben que son un sector clave para el empleo del país, siendo éste tema sensible en las Españas.

Sin embargo las tornas cambian y a veces todos los discursos –como el de echar los coches del centro de Madrid en veinte años- salen solos por una correa de transmisión llamada realidad, la que impone boinas de polución sobre nuestras cabezas, la que congestiona nuestro camino en una tela de vehículos que no avanzan, la que nos importuna con pitos y nervios…

Una vez en una cena con otros actores y buenos prescriptores de la bicicleta dije que ésta se acabaría imponiendo por la propia inercia que antes he descrito. Me miraron como si estuviera pirado. Pues bien a los pocos días de salir todas las informaciones sobre la contaminación, se supo que el viernes 13 Madrid batió el récord de usuarios de transporte público, con nada menos que 1,5 millones de personas moviéndose en bus y metro. Obligado te veas.

Lo que el ser humano no quiere hacer por las buenas, se hará por las malas, o semi obligado y felizmente, en este caso, las cosas resultarán como la realidad disponga, y la bicicleta, aunque ahora un elemento con potencial pero sin la presencia que muchos querríamos, acabará haciéndose un hueco entre esas formas de movilidad (transporte público más un rato a pie) que harán que esa boina de porquería se vaya disolviendo antes de que nos siga matando.

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