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La recompensa que no llega para Flecha e Hincapie

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La recompensa que no llega para Flecha e Hincapie

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La vida teje caminos cruzados, inescrutables a la luz del azar. Con los años, esas líneas vitales dejan de ser convergentes, ocasionales. Se hacen paralelas, casi íntimas. Dos de los mejores clasicómanos de los últimos tiempos ya se han visto muchas veces las caras en las rutas de la vieja Europa, como siempre entre marzo y abril. Ambos comparten algo más que horas compitiendo. Los dos, de origen americano además, han tenido a bien formar parte del grupo de elegidos en más de una ocasión sin que la fortuna que tanto han perseguido les haya sonreído en la medida que han merecido. Flecha e Hincapie son tales ciclistas.

Juan Antonio Flecha afronta una temporada de clásicas muy condicionada por su accidente y posteriores problemas en la mano. Ayer mismo confirmó que hasta Flandes no será de la partida y que Roubaix es su objetivo. El argentino que compite como español y hecha raíces en Sitges es uno de los ciclistas con mejor palmarés clásico del mundo. Su progresión en las citas del pavés ha sido envidiable, pero la guinda, entendiéndose por ella Flandes o Roubaix, se resiste. Ganó la Het Niuewsblad hace dos años, carrera cuyo podio ha pisado tres veces más, pero tal premio sabe a poco más cuando echando la vista atrás se recuerda aquel flagrante atraco en Wevelgem a manos de Nico Mattan, por mucho que nuestro protagonista se lo tome con filosofía.
Cada año, cuando afronta la campaña de primavera, admite que el mundo no se acaba por no ganar. En estos casos surge ese eterno “come come”, ¿piensa realmente lo que dice?, viéndole competir creemos que no. De cualquiera de las maneras su sello queda y su empresa no es imposible, aunque la cuenta atrás suene a su rebufo. Mayores gestas se vieron en ciclistas muy veteranos como Bortolami, Tchimil, Backsted u O ´Grady.
Unos años mayor, George Hincapie creemos que lo tiene más complicado que Flecha. El neoyorquino es uno de los más fieles y maltratados corredores por la contemporaneidad de las clásicas. Hicanpie inició su amor imposible con Roubaix cuando Flecha aún anidaba en el pelotón amateur. En 1999 ya fue cuarto, abrió entonces un paréntesis primaveral a ese ciclo que consagró a su íntimo Lance, en el que pululó por el top ten del infierno casi de forma ininterrumpida incluyendo incluso buenos bagajes en Flandes. Ello lo pudo aderezar al menos con éxitos en la Kuurne y Wevelgem, buenas piezas pero insuficientes a tanto sacrificio. Quizá en el fondo, como tantas otras veces en la historia, a ambos les ha tocado convivir con dos hors categorie como Tom Boonen y Fabian Cancellara. Ello sin embargo no les desposee de esa película de admiración que el buen aficionado nunca elude. Ese consuelo siempre les cabrá. 

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Siguiendo con las clásicas, tenéis arriba vigente la encuesta sobre qué clásica de primavera os gusta más.

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