La reconciliación de la bicicleta

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El calendario de cicloturismo en España es realmente importante. Raro es el lugar que no incluye en su porfolio deportivo una marcha, más o menos corta, más o menos dura. Son eso, marchas, y como tales no entendemos el cicloturismo de alforjas, porque eso se hace en otros momentos, pero sí comprendemos que hablamos deán paseo, más o menos rápido, con más o menos competitividad. El problema, lo triste a mi juicio, es que muchas de estas marchas, aunque mil veces dicho, se convierten en un coto de lobos que salen a cuchillo, meten cuneta, suben como si no hubiera un mañana y se la juegan en los descensos. Legítimo, sí, poco estético, también.

Son marchas que se miden por desnivel positivo, por parajes míticos. Marchas que tienen alguna neutralizada para que no se desmadren y la guardia civil no ponga problemas, marchas que dan barrigas energéticas y geles en los avituallamientos, marchas que entienden del mejor material, que ponen expos en la salida con la mejor rueda, el maillot más moderno, el casco más cool… se nutren dde lo último.

Sin embargo crecen pruebas que intentan huir de todo eso. Esta tarde de jueves presencié la puesta de largo de una de ellas, de La Pedals de Clip, de la que no hace mucho nos hablaron, y que es una especie de viaje en el tiempo, décadas atrás, al ciclismo de racores y soldaduras a la vista, de los cuadros de tubo redondo, de los ratrales, de los cables a la vista, del cambio en la barra oblicua, de maillots de lana, de gorra al revés,… otro ciclismo.

Es una marcha en la que no importan los tiempos, en la que el avituallamiento es producto local, que te ponen pan tomate, frutos secos y un poco de vino, no mucho, que se acompaña de motos de época, por caminos de tierra, porque la tierra bien acondicionada se deja querer por el tubular, porque en el fondo es la mejor manera de huir del frenesí de los tiempos, las prisas y los afiladores asesinos.

Ese ciclismo es posible, y es la respuesta a tantas y tantas marchas que no se diferencian, que son todas iguales, que son todas auténticas picadoras de carne. Al igual que la prueba, que no carrera, del Penedés, hay otras, y van creciendo porque la gente quiere eso, que la bicicleta se reconcilie con el entorno, el aire, el paisaje, la pausa y la libertad. Merece la pena probrarlo, aunque esos hierros te dejen el cuerpo dolorido.

Mirad aquí qué tenéis, buen calendario de ciclismo vintage en España

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