La semana santa de Alexander Kristoff

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Me permitirá Antonio Alix, desde su atril de Eurosport, que le tome el titular, pero es la mejor manera de describir la Ronde que acabamos de ver. La “semana santa de Alexander Kristoff, noruego, siempre con el casco torcido, curioso, un portento físico, que imprime respeto, calidad. Impone. Llegó a Flandes como favorito cinco estrellas y sale con la victoria bajo el brazo. Y eso que todos le miraban, todos le esperaban.

Hoy Flandes fue una fiesta. Carpas VIP, sendas cercadas de paredes humanas, gritos y cerveza. Pero lo que podría haber corrido fue vodka, porque este noruego con cara de estibador y endurecido pescador de bacalao, ha vuelvo a dar una exhibición que incluye todas las aristas del ciclismo: potencia, velocidad, tenacidad y sobretodo una inteligencia que raya muy por encima de la media.

La semana que se cierra nos ha dado días de tranquilidad, horas de sosiego, pero también el frenesí flamenco a pequeñas píldoras con la Panne y el final en Oudenaarde, en la culminación de la Ronde. A todos esos momentos Kristoff le ha puesto nombre y apellido. Nombre de ganador nato, apellido de killer. Si San Remo, un año hace, pareció casualidad vean el desenlace de Flandes, es un portento, muy por encima de la media.

Kristoff se fue disimuladamente del grupo, como sin querer, con Niki Tersptra, un gran ciclista pésimamente dirigido que tuvo su mejor momento en Roubaix, el año pasado, cuando su equipo era mayoría entre los mejores. El holandés se llevó al noruego a rueda y ahí empezó todo, mejor dicho, ahí acabó todo.

No se puede llevar en carroza a un tipo como Kristoff hasta la recta final de Oudenaarde y pensar que le vas a ganar. Más cuando tu rival le gana sprints a Greipel y se bate con Wiggins contra el crono. Es una locura, un auténtico suicidio deportivo que se consumó al final. Terpstra no pudo ni tomarle la aspiración en el sprint final.

Me dicen que para Etixx era mejor una segunda plaza que un cuarta o quinta, puede ser, es la manera de ver el ciclismo de Patrick Lefevere, un dinosaurio que tras hacer dobletes y tripletes firma una plaza de plata. Siempre pensé que Tom Boonen era un lastre para este equipazo, pues lo condicionaba hasta hacerle caer en el absurdo –miren la Het Nieuwsblad– pues hoy lo han vuelto a hacer y no les ha hecho falta la excusa de Boonen.

Si Tersptra espera que les pille el agotador intento de Van Avermaet y Sagan, hubiera tenido opciones, al menos en la confusión si engancha desprovisto a Kristoff, le habría valido el factor sorpresa. En el mano a mano era imposible. Me alegro enormemente de la victoria del noruego porque es la del saber estar, la de correr impecable y con una pizarra grabada en la mente. Luca Paolini tiene aquí su gran pupilo. Felicidades al Katusha de Purito porque ve ganar a Vicioso, quien rozó el abandono del ciclismo tras el pasado Giro, y Kristoff el mismo fin de semana.

Por lo demás Flandes fue un más de lo mismo: Sagan corre bloqueado y solo, Van Avermaet a la contra y el Team Sky maniobra a lo grande para dejar solo a Geraint en el momento clave. Párrafo a parte merece Vanmarcke, ciclista que pasará a los anales como “míster pupas”, mucho poderío, mucho apuntar, pero nada, al margen de deberse a un equipo que corre fatal. En una semana, más en Roubaix.

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