La sinrazón que gobierna el ciclismo

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Esta mañana Pippo Pozzato puso esta foto en su cuenta de Twitter.

Se trata de la hoja de la organización de la Tirreno-Adriático en la que se explica que Fabian Cancellara había sido multado con 1000 francos suizos, unos 822 euros, por vestir los colores de campeón nacional suizo integrado en la crono por equipos inaugural. Se indica una norma y se ejecuta el castigo. Al poco tiempo Cancellara mostraba irónicamente los billetes que estaba recolectado para hacer frente al pago.

Es obvio que el desconocimiento del reglamento no exime de su cumplimiento, como bien se repite. Muchas veces hemos visto campeones nacionales en cronos colectivas aportando color y cierto atractivo a la estampa, más hoy que se han propagado los “skinsuits”. De hecho el año pasado ocurría. Sin embargo en la primera crono por equipos de esta temporada Cancellara ha pagado el pato y le ha salido caro, posiblemente todos los campeones nacionales tomen nota y Rui Costa no luzca su blanco maillot de campeón portugués cuando haga una crono con el Lampre.

A pesar del desconocimiento no es excusa, las circunstancias que envuelven esta desproporcionada sanción, que a mi entender entrevé un claro afán recaudatorio, resultan ridículas si tomamos otras sanciones que se ha producido recientemente.

Como informa @inrrng, Gianni Meersman y su director deportivo Wilfried Peeters fueron multados con 500 francos suizos, la mitad que Cancellara, por vergonzoso tras coche realizado en la etapa del lunes de la París-Niza. Meersman iba para líder de la carrera hasta que se vio implicado en una caída, en el desespero del momento se arrimó lo más que pudo a su coche y este le recortó una considerable distancia frente al pelotón.

La cámara estaba ahí para grabarlo, sin embargo el disimulo brilló por su ausencia y Meersman fue en carroza hasta que el coche ya no podía situarlo mejor. Creo que el belga no pudo reintegrarse finalmente, pero de haberlo logrado y haber condicionado el sprint sería de esperpento. El tras coche de Meersman tuvo un agravante. Como al final se supo el ciclista abandonó la carrera con siete costillas rotas, es decir que en si en el momento de su remontada, el coche del Omega realiza un extraño, por pequeño que fuera, el hostión que se habría dado el ciclista habría sido antológico.

Con todo vemos como la ley, que bien escrita obliga a su cumplimiento, no deja de ser absurda y si me permiten sintomática del desgobierno que en ocasiones rige este deporte. La errónea elección de una prenda se pena con 1000 francos suizos, una maniobra ilegal, peligrosa e inmoral con 500. Ocurre todo esto además en un equipo, el Trek, que busca patrocinio que se haga cargo del equipo. Que le presenten este caso como credencial del ciclismo, a ver cuántos están dispuestos a invertir en este circo.