La surreaista historia de Beat Breu

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Beat Breu es hoy un mecánico de bicicletas. Para muchos de nosotros este nombre sonará somero, tangencial, sin saber bien dónde ubicarlo, sin tener claro qué hizo o qué motivo le trae a estas líneas. Pero Beat Breu fue una pulga, como los Trueba, pero moderna, más reciente. Su nombre iba siempre asociado a un seudónimo: “La pulga de la montaña”.

Beat Breu es el titular cuyo nombre sostiene el cartel de la curva cartoce de l´ Alpe d´Huez, un estadio, el gran estadio del ciclismo, donde este deporte camina por los derroteros de la historia de fútbol. Pequeño, liviano, sus 57 kilos de hueso y abigarrado pellejo dieron mucho que hablar cuando el Tour empezó a descubrir que el santuario de Huez iba camino de ser el santuario del ciclismo mundial.

En 1982 Breu debutó en el Tour sobre una Cilo de geometrías especiales consecuencia de su paupérrimo físico y pequeño tamaño. Obsesionado con el peso, sumó “ganancias marginales” por cada recoveco de su bicicleta para que ésta pesara lo mínimo posible: manillar sin protección, frenos de plástico,…

Breu, desconocido, se presentó a mundo, ganando en Pla d´ Adet, en el corazón pirenaico. Su salto de calidad llegaría días después. Con su equipo convencido en la la labor de contención, el pelotón de los favoritos llegó compacto a la primera, y brutal, rampa de Alpe d´ Huez. Breu, escondido bajo una nariz que también le valió el apelativo de “Pinocchio”, tenía anotado su ataque para tres kilómetros de meta.

Sin embargo los acontecimientos se precipitan. Zoetemelk no va bien y Robert Alban ataca a fondo. Breu se suelda a su rueda. Es la vida historia de David contra Goliat. El francés, largo y fino, contra el suizo pequeño, “pelotudo”. Pero aquí David lleva las de ganar, la gravedad no ejerce atracción sobre el evanescente Breu, que juega con su rival, le ataca y le espera, le ataca y le espera. A cada acelerón, sobresalto para el director de Breu, que no ve clara la jugada, pero sobreesfuezo para Alban, que acaba claudicando. El pequeño Breu había ganado en la garganta de Huez.

Una prometedora historia que no tendría continuidad. Breu no progresa como se esperaba. En L´ Equipe le llamaron “el nuevo Van Impe”, pero Breu toma otros derroteros y empieza a destacar en ciclocross, donde hace una tremenda fortuna como ídolo local siendo profesional hasta 1996.

Pero la historia es caprichosa y los titulares de gloria deportiva que secundan a Breu toman otro cariz. El ciclista se arruina al invertir todo su botín, más 500.000 francos suizos, en negocios inmobiliarios que llevan a su hermano, Urs, a la cárcel. Beat Breu empieza a ser carne de cañón para la prensa rosa, con sus bodas y casi inmediato divorcio de su primera esposa y la conversión al Islam de la segunda.

Un serial, un rosario que desemboca en la surrealista decisión de volver a competir en 2007 porque dice haber encontrado el elixir de la juventud, el H203, un agua súper oxigenada que no obró el milagro de quitarte veinte años de una tacada. Breu, cansado de tanto trajín y consciente de que sus deudas nunca serán saldadas, acabó por volver a los principios, a la bicicleta, siendo mecánico raso y viviendo ajeno, al mundanal ruido…

(*) Esta historia y otras muchas son el nudo de “Alpe d´ Huez“, la tremenda obra que Peter Coussins ha escrito sobre la montaña más emblemática del ciclismo. Aquí tenéis más detalle.

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