La tarde que ciclismo fue protagonista del escenario

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Con un descenso y la trampa de un tal Hamilton en el récord de la hora antes de que acabara el siglo XIX, arrancamos. Carles Canut, reputado periquito y actor teatral, abre la veda, a sus costados seis personajes del ciclismo. Pregunta, profano él, por la importancia del rebufo en el ciclismo, por el beneficio de ir en pelotón. Melchor Mauri le contesta” Es primordial el rebufo en ciclismo”. Se completa que el destino del 90% de miembros del pelotón es circular a rueda. “No debemos olvidar que los pequeños deben moverse si quieren satisfacer al patrón con minutos de publicidad para que el amigo Carlos –por Carlos de Andrés- los mencione en la retransmisión” añade Rafa Carrasco. Mentado Carlos de Andrés entra en harina. Cuando va en bici con Perico no sabe por dónde le viene el viento. Perico alucina “cuando voy en bicicleta la gente me dice cómo puedo saber por dónde entra el viento, y yo les digo, por la derecha, es que no lo veis”. Defecto profesional. Sabe por donde entra el aire sólo con  circular. Dori Ruano pone calidad y acento femenino. Completa. “Aprendes a limar rueda cuando vas contra las cuerdas”. Ella, que se define didáctica, apura sobre el gasto de un coche, en litros de gasolina, cuando va a la estela de un camión, para explicar los beneficios de ir a rueda.

Canut reincide. ¿Qué ha perdido el ciclismo con a entrada del pinganillo? “No sólo son los pinganillos, las carreteras han mejorado, los materiales,… todo ha cambiado” se escuda Perico para explicar esa merma en la épica. Arcado Alivés recuerda que Merckx era capaz de atacar en el segundo puerto en una etapa de cinco, “eso hoy es impensable” exclama. De Andrés concluye: “El pinganillo reduce el margen de error y el error queramos o no es espectáculo”.
Segundo episodio, el amor, el ligoteo en las carreras, desde la carretera. “Por eso he sido ciclista” exclama Perico quien admite la gracia del italiano para amasar pasiones, “su carrera empezaba en el control de firmas, entre las azafatas” rememora. Dori pone el contrapunto “un hombre vestido de ciclista se viene arriba. Cuando luego le ves vestido de calle aprecias que es un piltrafilla”. Cachondeo en el auditorio. La salmantina habla poco pero sus apreciaciones hacen mella. Curioso, Canut no sabe si el culotte es una prenda o una forma de referirse a tan nombre parte. Dori remacha “la vestimenta del ciclista no engaña. Está todo tan ajustado que… cualquier pequeño michelín queda a la vista”. Sonrojado Perico pensaba en otras “partes” e incide, “un ciclista vestido de luces se gusta”.
Entra el tema de doping, “como no” insinúa Perico. De Andrés ilustra: “El concepto de deporte no deja de ser una entelequia, esto es un negocio” y admite que “a veces no somos conscientes de lo que decimos por su posterior repercusión”. La cuestión es matar o no al mensajero cuando éste no acierta a realizar su trabajo con objetividad. Mauri lo dice bien claro: “El dopaje ha existido, existe y siempre existirá por que siempre habrá alguien que vaya más allá”. Arcadi tampoco escatima: “La gente está un poco hasta de que últimamente se le caigan los ídolos”. Perico zanja: “Aquí no hay normas claras”.
Secuencia numérica hasta cien. Se cuentan los muchos muertos de la carretera. “Hasta que no dejas el ciclismo no eres consciente del peligro que has corrido en algunos momentos. Si viésemos de cerca la muerte nunca bajaríamos de esa manera” dice Dori. Perico asume que “cuando te pones de corto te transformas”.
La rivalidad enfermiza es el último capítulo. Legendarios duelos como Coppi vs Bartali. “A un buen perdedor se le tendría que prohibir correr” dice el libro “El Ciclista” de Tim Krabbé, me comenta Xavi Ensenyat, el libro de ficción deportiva mejor considerado de Holanda. Dori reconoce que “las mujeres quizá somos más quisquillosas”. Perico recuerda la Vuelta del 92 cuando puso pie a tierra entre la niebla del Tourmalet por el marcaje depresivo de Jesús Montoya. A veces la rivalidad va tan lejos que hacer perder a tu contrincante es más placentero que buscar el triunfo. En esas dualidades sin embargo el ciclismo ha dejado gran parte de sus leyendas. Arcadi añora los tiempos de Coppi y Bartali, de Anquetil y Poulidor. Esos tiempos, grisáceos a nuestros ojos, no volverán. En la dualidad puede estar la pasión perdida.
Todo lo aquí relatado lo disfrutamos anoche en la jornada de “Literatura y ciclismo”, un incunable teatral que la Fundació Romea de Barcelona nos regaló. Nuestra gratitud por esos setenta y pico minutos. 

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