La verdadera dimensión de Alejandro Valverde

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¿Y ahora qué? Una pregunta que siempre subyace cuando vemos ganar a Alejandro Valverde. Es un fuera clase, camina por la suerte de los mejores, sintoniza como pocos con el público, pero qué más, qué le pedimos.

Por segundo año consecutivo Valverde se adjudica la Vuelta a Andalucía en lo que viene siendo una tónica: acostumbra a madrugar en el triunfo. En los días que se discute sobre el proceso que le dejó dos años seco, y se enjuicia si una de las bolsas más cargadas de EPO era suya, Valverde sigue demostrando esa capacidad de aislamiento que sólo activan los grandes cuando se ven atosigados. Que nos expliquen como si no Purito siguió entrenando seis y siete horas con el mejunje que rodeó a su equipo durante varias semanas.

Pero volvamos a Valverde. El murciano presenta unos números certeros. Cuatro triunfos en siete días de competición. Terrible. No caben adjetivos. Los dos éxitos los rubricó en Mallorca y Andalucía. Estamos cerca de culminar febrero y el palmarés de pequeñas vueltas de Alejandro no deja de crecer. Motivo para congratularse, sí, pero motivo también  para esperar más y de ahí que volvamos al principio ¿y ahora qué?

Circuló un calendario hace unos días que ponía al líder azul en carreras irremisiblemente pequeñas para su tamaño ciclista. Una relación de competiciones que por ejemplo omitía Tirreno y Niza, como compresibles objetivos a su tremenda capacidad. Sin embargo, al margen de estas dos carreras por etapas, nos asaltan dudas, eternas siempre, respecto a esas citas que Valverde sigue incomprensiblemente marginando: las clásicas.

Estará en la Strade Bianche, una prueba de doble filo, si bien a la vista de sus ataques de largo radio podría estar en su radar. Al día siguiente quizá tome la salida en la remozada Roma Maxima. No sabemos nada de la Milán-San Remo, un desafío perfectamente acoplado a sus posibilidades y que año tras año margina. Antes teníamos explicación, su aparente alergia a correr en Italia, pero ahora.

Quizá es que en las dimensiones de Valverde veamos el infinito. Posiblemente le exijamos más que a cualquiera, pero las sensaciones son las que son y como hace poco dijimos, Alejandro tiene don, pero también una edad, y a pesar de un palmarés monumental,  la complacencia nunca ha sido su seña.

Foto tomada de FB de Jordi Solano

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