La vida como un paseo en bicicleta

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Hay por ahí miles de frases relacionadas con la bicicleta, el movimiento y el círculo que se podrían aplicar a miles de circunstancias de la vida. Hoy en los #JuevesUrbanos hacemos un pequeño inciso para hablaros de un hotelero urbano que ama, siente y vive la bicicleta. Hablo de Antonio Catalán, para quienes no lo conozcáis impulsor de NH Hoteles, desde el pamplonés Iruña Park, y luego creador de AC Hoteles, la cadena con sus iniciales, como si las llevara cosidas en la camisa, que se distingue por su perfil urbano.

Recuerdo, hace unos quince años cuando entré por primera y única vez en el despacho de Antonio Catalán, en la confluencia de Castellana con Joaquin Costa. Recuerdo una foto suya vestido de ciclista. Aquello no fue una foto cualquiera, reposando en un estante, fue un reflejo fijo e inamovible de su cariño por este deporte, que se plasma además en un equipo ciclista, el de AC, obviamente, para masters creo que es.

La semana pasada el suplemento de Expansión “Fuera de serie” abrió con el presidente de una compañía que desde hace unos años camina junto a Marriot, una marca de primerísima fila en la hotelería mundial. La entrevista es una delicia la verdad, es amena, sencilla y directa. Otra cosa no tendrá nuestro protagonista, pero directo es y mucho, tengo varias anécdotas al respecto.

Pero esa sinceridad va sobre ruedas, en principio sobre una Cannondale “ya veterana” que le acompaña en su ruta jacobea desde Corella, cerca de Tudela, a la meta compostelana. Esa ruta la hace desde hace tiempo, por una promesa, y a tenor de lo que describe se ha convertido en algo pero que muy social, porque al pelotón de unas 100 personas que ha llegado a reunir, se le suman trabajadores de su compañía, “algunos presidentes de bancos y Miguel Indurain”.

Dejando su ruta hacia Santiago al margen, su relato incluye la bicicleta a cada párrafo. Cuando en 2008 quebró Lehman Brothers y las cuentas de resultados empezaron a deteriorarse con una velocidad inusitada recuerda que “todas las noches me tomaba un orfidal y al cabo de cuatro horas estaba haciendo bicicleta,  pesando cómo salir del atolladero”.

Sí, pedaleando encontró la salida. Curioso. Antonio Catalán no pasó por malos momentos, le tocó subir varios puertos, como los de esta ultima etapa del Tour en los Pirineos. Guarda 25 bicicletas en su finca extremeña.

“Soy un positivista genético, y esto ayuda. Además practicar deporte te mantiene muy bien. Estoy entrenando todo el año, como hacía Indurain con el Tour, y eso hace que tenga las pulsaciones muy bajas. No tengo ninguna dolencia rara, hago dos horas diarias de estática y los fines de semana voy a mi finquita de Extremadura, donde corro mis 140 kilómetros por los alrededores” admite, a veces con su mujer, directiva en el Santander.

Sin embargo la valoración que más me llamó la atención es su concepto de “ser rico” algo que no te hace pleno per se. Puedes comprarte un gran coche, el mejor, que a la décima vez de usarlo ya no te emociona, “todo se relativiza” aduce. Quizá por eso ame la bicicleta, porque puedes comprarte la mejor del mercado que cada día te dará el aire diferente, la luz cambiará y tu cuerpo será otro. Quizá ahí, en que nunca nada es igual, está el verdadero atractivo de la bicicleta.

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