La “voz del Tour” se apaga

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“Mamá, papá, Robic y Bobet” fueron las cuatro primeras palabras que pronunció Daniel Mangeas, normando en edad de jubilarse, el eterno speaker del Tour de Francia, el hombre cuyo rostro pocos conocen, pero que con sólo atisbar cuatro palabras de su boca, todos reconocen. El próximo Tour de Francia, cuando arranque de Utrech, en el corazón de las Holandas, estará desnudo de su narrador en los últimos cuarenta años. Echando números, Mangeas ha realizado en persona 816 etapas de la Grande Boucle. Como bien afirma en el último ejemplar de 2014 de Cycle Sport, no ha faltado a ninguna.

Hagan cuentas, una suerte de proyecciones, y verán que este personaje dio la bienvenida a Eddy Merckx en el velódromo de Vincennes, durante la conclusión del Tour del 74, y despidió desde los Campos Elíseos al ganador Vincenzo Nibali, toda vez que Marcel Kittel acababa de ganar en la llegada más prestigiosa del mundo. Cuarenta años, nada menos, y por medio muchos campeones e historias tristísimas, como la del Tour del 98 que vio amenazado de muerte. Narrar aquel desastre, desde el podio de comentaristas, fue un trago que aún se anuda en el gaznate. “No sé ni cómo lo hiciste” le espetó Laurent Jalabert, a la luz del tétrico panorama.

Mangeas es un tipo de voz hueca, profundo francés y larga entonación. Narra como lo vive. Su cantinela se oye, se intuye, en cualquier locución que se haga bajo el arco de una de las llegadas del Tour. Este eterno optimista recibió en encargo de coger el micro de uno de los símbolos de “la France” por parte del director Albert Bouvet. Se situó en uno de los coches de vanguardia, por delante del pelotón, y empezó a canturrear “live” lo que allí pasaba.

Mangeas es al ciclismo una suerte de carbono 14 a la prehistoria. Vio el ciclismo de los setenta. “Nadie ha tenido el carisma de Merckx” recuerda. Nadie tampoco le ha emocionado tanto como Duclos Lasalle ganando en Roubaix 1992, “el gran sueño del viejo Duclos”, porque su agenda de speaker no descansaba más allá del Tour. Su voz trabajó hasta 200 días al año, desde la Estrella de Bessèges a los Seis Días de Grenoble. Un calendario largo y denso que seguramente le diera para escribir un libro, de corrillo y sin descanso, porque a Mangeas en un trivial de ciclismo pocos le ganarían. Posiblemente se contarían con los dedos de la mano.

Mangeas bebió de la tradición de Tristan Bernard, uno de los pioneros en el arte de narrar ciclismo in situ. Su tiempo, previo a la Segunda Guerra Mundial, fue el del astro hispano Mariano Cañardo, cuyo nombre pronunciaba con entusiasmo cuando la carrera se acercaba a la frontera española para ardor de los allí presentes. Este personaje de rebotica encierra una historia tremenda. Escritor judío y speaker del Tour en los treinta, acabó deportado. Según contamos en “El primer campeón” el locutor hacía “como los periodistas de la época, si no sabía bien lo que pasaba, inventaba“.

No obstante el propio Mangeas admite que ser speaker es un oficio muy diferente al de periodista. El primero vende la carrera, el espectáculo, el producto,… el segundo encierra, o debería, un carácter crítico en todo lo que dice y afirma. Enaltecer a la gente, entusiasmarla, incluso cuando la carrera es un bodrio. Este bello arte no está al alcance de muchos. En España, nuestro Juanmari Guajardo podría abrir una academia de esta “ciencia”.

Esta gente posiblemente muchos olviden, pero son parte del paisaje, actores fundamentales, personajes sin cuya presencial ciclismo sería menos ciclismo. No lo duden.

Foto tomada de www.lalsace.fr

INFO

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Fotografía de Raquel Fialho

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