Chris Froome, una carrera a contrapié

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Hace un año por estas fechas, sí más o menos por éstas, el mundo ciclístico general sabía de Chris Froome. Su primera aparición reseñable aconteció en La Covatilla. Trabajó con denuedo para que Brad Wiggins pudiera realizar su mejor exhibición en esa Vuelta y apenas se descolgó del grupo de los mejores cuando otros de los notables lo pasaban mal.

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En la crono de Salamanca, Froome demostraba que su actuación en la estación de esquí no fue casual. Y en el Angliru Team Sky se convenció de que su ciclista originario de Kenia debía ser la mejor opción. Todo perfecto salvo que por el camino se les adelantó de forma decisiva Juanjo Cobo. Luego éste y Froome nos darían en Peña Cabarga uno de los mejores momentos de la carrera.

Pasaron los meses y Froome volvió a estar en forma. En Dauphiné apuntó lo que luego en el Tour confirmaría. Su potencial no sólo se quedaba en gregario de lujo. Incluso en ciertos momentos se le vio más contundente que los propios rivales de Wiggins, en otros demostró estar más fuerte que su líder. Ya en los Juegos subyugado a la baza de Cavendish, se ahogó en un desfonde físico que sin embargo no le privó de recomponerse para colgarse una medalla de bronce en la crono.

Venía a decir el otro día Juan Antonio Flecha que el Team Sky le dijo a Froome antes de arrancar esta Vuelta que si era tan bueno debía demostrarlo ahora. Aunque se detecte un contenido perverso en esa invitación, no dejaba de ser la gran oportunidad de Froome. Hablar con hechos en la carretera lo que en muchas ocasiones dejó entrever, a veces incluso rozando la humillación pública de su líder llamado Wiggins cuando esperándole en las cuestas alpinas y pirenaicas poco menos se ofreció a empujarle.

Sea como fuere a Froome la vida le vuelve a tratar a contrapié. Sí, llegó a la Vuelta con toda la ambición del mundo pero sus piernas no acompañaron y salvo un movimiento desesperado, que en caso de Team Sky no es descartable al 100%, finalizará cuarto.

Que su equipo le ofreciera esta carrera como el premio de consolación a tantos sacrificios por terceros no dejaba de ser una trampa que Froome estaba obligado a accionar aún y a riesgo de pillarse los dedos. Su consistencia se ha venido abajo por una pura ley física que habla de la imposibilidad de mantener un tono tal tantas semanas. Sin embargo Froome acaba cuarto esta carrera y ello es un resultado que habla de su talla profesional. A pesar de lo mucho que hemos leído sobre “la Vuelta, para los españoles”, y que así está siendo, es de recibo reconocer el homenaje que a la carrera le ha hecho este inglés que en su día se dio a conocer en la misma.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com & Zikliamatore

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