La Vuelta recupera cierto gusto por el ciclismo

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En un momento de la presentación acaecida en Cádiz, el primer ejecutivo de la Vuelta a España, Javier Guillén, incurría en una contradicción que creo es un perfecto espejo de lo que es la carrera. Hablaba de personalidad pero al momento de dar a la gente lo que pide. Aunque parezca que no, eso es la Vuelta, una carrera que nada en mares revueltos, sin un norte claro y con la inercia de ser la tercera grande, porque lo es se mire por donde se mire, a la espera de tiempos mejores. El Tour es el Tour y el Giro paraliza Italia y enamora almas románticas.

Porque mientras llegan esos tiempos el grupo que ahora trabaja en Unipublic continúa haciendo trizas –y eso no tiene porque ser malo- aquello que distinguió un día a la carrera. Sin querer romper con la historia reciente, sí se da un paso atrás en el diseño de un recorrido que ya no es esa concatenación absurda de altos y pequeños repechos en la llegada. Se plantean etapas nerviosas, sí, con lo bueno para el final, también, pero se mide la dureza y los tiempos como en las dos últimas ediciones no se hizo.

Valoro de la Vuelta el afán por encontrar nuestros enclaves. Alejados quedan esos años de cinco llegadas en alto que casi se recitaban de memoria (Cerler, Valdezcaray, Alto Campoo, Lagos de Covadonga,…). Ahora el seguidor ciclista es exigente, ya no habla de los sitios de oídas, los conoce, ha estado en ellos y opina con criterio maestro. La Vuelta 2014 incluye llegadas a Cumbres Verdes, San Miguel de Aralar, Obregón –dentro de Cabarceno- y La Camperona, por los valles de Sabero, el lugar donde un servidor quemó felices épocas de su infancia.

Todos coinciden en un grado menor de dureza, coinciden que si alguien sale perjudicado va a ser Purito, por esa explosividad que quizá no encuentre las rampas adecuadas a su talento, o no en la cantidad que le gustara. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Los corredores abren o cierran la carrera, la pueden correr a ritmo cicloturista o a mil por hora, y muchas veces las jornadas menos trascendentes sobre el mapa resultan antológicas. Recuerden Fuente Dé, una etapa de media montaña que llegaba después de jornadas inhumanas y acabó por darle la carrera a Alberto Contador.

Curiosamente esta Vuelta acabará en Madrid. No lo hacía hace exactamente 21 años, entonces arribó bajo una pertinaz lluvia a Santiago de Compostela, con una crono, igual que en esta ocasión. La carrera habrá salido tres semanas antes desde Jerez de la Frontera, antes que Santiago, final de anterior edición que no murió en Madrid. Hablamos de 1986, esa edición que ganó Álvaro Pino a Robert Millar.

Por lo demás la crono gana en apariencia protagonismo aunque muy contenidamente, pues se añade la del día final, totalmente llana, si bien muy corta, un prólogo de 10 kilómetros que hará en epílogo justo en el final del Camino. Un día antes la carrera hará justicia al último gran coloso de su historia, Los Ancares, por Pan do Zarco, ese final ampliamente reclamado y mejor situado imposible. Habrá que evaluar su trascendencia pero desde luego invita a esperar grandes cosas.

A día de hoy, la prueba espera una participación interesante. El póker de ases se llama Alberto Contador, Purito Rodríguez, Alejandro Valverde y Nairo Quintana, es decir el cuarteto de tenores que protagonizó los mejores momentos de la edición de 2012 pues Chris Froome no era el de las mejores ocasiones. Samuel Sánchez espera estar, pero necesita equipo primero. De lo que nadie habla es que el último titular del maillot rojo sigue sin destino. Sí, se llama Chris Horner, y no sé yo si la Vuelta habrá sido su primer y último gran triunfo.

Foto tomada de www.teinteresa.es

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