La Vuelta ya no es lo que era

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Es una pena, porque es la Vuelta, la de aqui, la que nos enganchó al ciclismo, hace veinte o treinta años, pero el ciclismo que en ella vemos dista mucho de lo que nos gustaría ver.

No sé si habrá estado en muchos museos diocesanos Juan Carlos García, el hombre de la moto de TVE, pues le encanta hablar de trípticos. Ahora estamos inmersos en el cántabro-asturiano. Hoy segunda entrega y la misma sensación de espectáculo secuestrado, de carrera contenida, de favoritos midiéndose hasta la exasperación. La Vuelta se ha convertido, por deseo propio, en la grande más previsible de las tres.

Sin embargo, y a pesar de todo, a la organización le ha crecido un ángel de la guarda que le saca las castañas del fuego cuando menos lo espera. Unos años es la participación, otros el desarrollo de la prueba. Esta vez la Vuelta se pone a una semana del final con dos corredores separados por un segundo, una dosis de buenas etapas por delante y la sensación de que uno y otro pueden ceder en cualquier momento.

Aru y Purito es el duelo, y no veo ninguno por encima del otro. Si la carrera es explosiva, quizá el catalán, si le metes fondo, emerge Aru, sin embargo, la crono de Burgos va a tener la clave y en esos terrenos los dos son igual de malos. El tercero en discordía podría ser Tom Dumolin quien tiene en cada llegada una gota malaya que le deja cerca del límite de lo permitido para seguir luchando por una general por la que ni siguiera soñaba.

La tercera etapa el tríptico deberá sellar si los Movistar están o no fuera de la Vuelta. Valverde parece ajeno, Nairo quiere volver. Dispuso al equipo antes de la subida final, estrelló al pelotón a 54 por hora en la última subida pero no parece esta súper. Sinceramente para enjuagar el fiasco del Tour que se le hizo corto y una temporada gris, al colombiano le debería dar igual morir en un intento desesperado. Contador lo entendió así hace tres años y le salió bien.

Imagen tomada de FB de La Vuelta

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