Las costuras del maillot

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Esta historia arranca de lejos, desde los años de Eugène Christophe, un ciclista que sabe a leyenda. El día 18 de julio de 1919, Christophe recibió en Grenoble el que se considera el primer maillot amarillo de la historia, una pieza que hace al ciclismo universal y que lo sitúa en las jergas de mil deportes y actividades humanadas.

Henri Desgrange, el pionero de muchas cosas, primero ciclista antes de mentor, fue el impulsor de la idea, al menos de forma más pública, porque aparecen otros nombres en la gestación de tan preciada e icónica prenda. Alphonse Baugé fue otro de los que por allí pululaban. Su cometido al frente de la dirección del Peugeot de los años diez no pasaba desapercibido, pues quiso destacar a sus mecánicos del resto vistiéndolos de amarillo, incluso antes de que el líder del Tour lo hiciera. El motivo de querer marcarlos residía en el hecho de que muchas etapas se corrían de noche, e interesaba que se les identificara fácilmente.

Con el antecedente de Baugé, Desgrange, que se las sabía todas, cuadró el círculo. Cogió la vistosidad de la prenda amarilla y la propuso para el líder, porque además el amarillo era el color del diario de la organización, “L´ Auto”, en una acción perfecta en notoriedad.

Desde entonces el amarillo ha sido el color de las grandes ocasiones del ciclismo, pero extrañamente a lo que se piense, no siempre ha estado en pelotón. Circunstancias excepcionales le han obligado a ausentarse. La primavera vez por ejemplo fue cuando Luis Ocaña dejó el Tour en los Pirineos por una caída y posteriores atropellos de ciclistas que bajaban por detrás, Zoetemelk y Agostinho, entre otros. Al final de aquella jornada Merckx declinó vestir la prenda de su dolorido rival y al día siguiente no hubo maillot en el pelotón.

El propio Joop Zoetemelk no quiso vestirlo tras el abandono de Bernard Hinault en el Tour de 1980, ni Alberto Contador tras la expulsión de Michael Rasmussen en el 2007, toda vez se destaparon sospechas sobre los paraderos del danés las semanas previas a la carrera.

El maillot, esa prenda que se sitúa en las costuras del ciclismo, cambia de color dependiendo de donde se sitúe. Igual que en el caso de “L´ Auto”, la titularidad de “La Gazzetta dello Sport” obliga a que el líder del Giro se vista de rosa. En el caso de la Vuelta los cambios de color han sido la tónica, un maillot de líder que pasó de ser naranja, a amarillo, luego oro y finalmente rojo, buscando las afinidades futbolísticas.

Nadie ha vestido más veces que Eddy Merckx el maillot amarillo, como nadie lo ha vestido menos en una etapa que el holandés Rini Wagtmans, a quien le duró tres horas, unos noventa kilómetros en el Tour de 1971, lo suyo sí que fue efímero.

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