Las declaraciones de Contador siempre llevan asterisco

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Tic tac, tic tac. Como si del anuncio de Pablo Iglesias se tratara. Tic tac, tic tac. A algunos les suena el reloj biológico, a otros las alarmas. Parece que Alberto Contador, sorprendentemente juguetón con la fecha de su retirada, está convencido, eso dice, para dejar el ciclismo a finales del año que viene.

Ojo que el relevo en el ciclismo español se cierra. Si miramos aquel “dream team” de los Juegos de Pequín veremos que Carlos Sastre y Oscar Freire ya lo dejaron, Samuel Sánchez circula por la prórroga y Alberto Contador ya tiene horizonte. Sólo Alejandro Valverde no ve fecha para pasar a la segunda actividad.

No es que nos sorprendan las declaraciones de Alberto Contador, quizá asustado por los efectos de alargar sin más la trayectoria deportiva como hace su querido Ivan Basso. El madrileño tiene 32 años. Es lógico que piense en colgar la bicicleta, pero un ciclista con tal nivel de concertación en su trabajo parecía, a priori que iba a alargar más su carrera.

En la presentación de su fundación, Contador admitió con razón que los años pasan. En su caso esta afirmación cobra mucha fuerza, porque este ciclista se ha pasado luchado casi tanto en los despachos y pasillos como en cualquier carretera. A veces la razón pareció asistirle, otras se empecinó en luchas imposibles que además le han dejado no pocos enemigos por el camino. En Irún por ejemplo. El proceso que se abrió el día que dio positivo por clembuterol en el Tour fue largo, penoso y muy costoso. No duden, ahí posiblemente se dejara años de carrera en vano, al margen de ser desposeído de un Giro y un Tour, que además corrió y marcó en su cuerpo.

Pero no duden que este juego de fechas en el que se ha situado el ciclista no sea más que fogueo. Como cuando dijo que si le sancionaban no se volvería a poner un dorsal, porque él con lo ganado ya tenía para vivir. Como cuando arguyó la historia de la rodilla tras el Tour, mancillando de despiste absurdo una historia de superación y trabajo de la que sentirse orgulloso. Siempre en el lugar equivocado, en el momento menos oportuno. Hay cosas que dejan de ser casualidad cuando se repiten muchas veces.

Lo hemos dicho muchas veces, Contador ha sido el mejor ciclista de su generación. TVE parece haberse dado cuenta justo al final de su trayectoria. Sin embargo, su declaraciones llevan asterisco, el asterisco de la provisionalidad, el asterisco de la eterna duda. Sea como fuere se le echará de menos, aunque sólo sea por lo pintoresco de su actuar.

Imagen tomada de www.aporrea.org

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