Las dos carreras de Euskaltel

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La primera jornada del Tour por el norte del hexágono recorrió parajes imborrables. Las costas normandas que rodean Saint Malo, verdes, agrestes y recordadas, paisajes en cenital, que desde el helicóptero nos recuerdan a Euskadi. Camino de esos interminables puertos naturales, una carretera recta conduce el pelotón de la mejor carrera en línea recta. Quedaban unos 27 kilómetros y de los fugados saltaba Juanjo Oroz, otro dardo naranja delante. Probó una fortuna que sabía imposible.

Este Tour es una especie de goteo incesante pero tozudo respecto a la realidad del Euskaltel. La realidad lleva todo el año siendo cruda, y el cerco cada vez es más estrecho. Ello además ha parecido tener reflejo en la carretera. Un mal momento que incluso pareció pesar en las piernas de su mejor ciclista de siempre, Samuel Sánchez, que en el Giro corrió encogido, sin brío, aunque se rehiciera con una victoria en la Dauphiné que a día de hoy luce como la única del equipo en el máximo circuito.

Con los deberes sin hacer, llegar al Tour como en una especie de contrarreloj contra el tiempo y la tremenda economía no parece la mejor manera de abordar el test más exigente. Siempre se dijo que si alguien  va mal, el Tour no parece el mejor sitio para levantar cabeza.

Mientras Igor González de Galdeano escucha de Euskaltel que la inversión en un equipo de este tamaño es insostenible si no hay un compañero de viaje, el equipo busca la redención en la carretera. La presencia de los hombres del Euskaltel estos días está siendo buena, muy por encima que equipos con más posibles. A la mencionada acción de Oroz en esta incursión normanda, le sumamos la excepcional prestación de Mikel Nieve en los Pirineos, las llegadas que ven a Juanjo Lobato buscarse la vida y la segura presencia de los Izaguirre en los momentos donde otros caen.

Pero si alguien ejemplifica los problemas de Euskaltel es Igor Anton. De él se ha dicho todo. Una dosis de mala suerte ha influido en su trayectoria. De eso no cabe duda. Pero ha influido en la misma medida la autocomplacencia, suya y de quienes le rodean, y ello le ha acabado jugando una mala pasada. Antón nunca ha dado la medida en un equipo que mucho me temo ha vivido muy a gusto en las manos de las instituciones que ahora dicen no pueden ayudarle.

Y sin las diputaciones ni el gobierno en el presupuesto, esto se hace inviable. Me queda pensar que el SOS lanzado sobre la crítica situación del equipo es como aquel que Ugarte y la organización de la Vuelta al País Vasco activaron el año pasado. Para entonces se sabía en “petit comité” que tanto la vuelta, como la Clásica de San Sebastián, se celebrarían, sin embargo el órdago surtió efecto.

Con todo, cuesta mucho pensar en un pelotón sin Euskaltel, sin el apéndice de esa tierra que hace del ciclismo la costura de su idiosincrasia. Y sí, lo decimos aquí, donde hemos sido muy severos en la crítica con lo que entendemos no ha sido la mejor gestión, si bien nunca quisimos vernos en el papel de Igor González de Galdeano. Esperemos que si el ciclismo artesanal quiere seguir adelante, Euskaltel salga de ésta y celebre sus veinte años como merece.

Foto tomada de www.vavel.com

1 COMENTARIO

  1. No se debe correr a gusto una carrera, sabiendo que todo “pende de un hilo”. Sin embargo los ciclistas del Euskatel se están dejando ver…

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