Las dos carreras de Ivan Basso

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Ivan Basso es al ciclismo moderno lo que el carbono 14 a la historia. Una suerte en la sima de un tronco que explica la evolución de un deporte en el ojo del huracán desde que fue ciclista, prometedor en sus inicios, y completa estrella con los años.

Supimos de Ivan Basso desde inicios de la pasada década, incluso antes cuando ganó el mundial de Valkeburg, promesa lenta pero segura en el Fassa de Ferreti, ya asomó fuerte en la edición del Tour del centenario, siendo poseedor del maillot blanco, para hacerse sitio en el podio en la Grande Boucle de 2004. Estrella rutilante, Basso creció en todos los aspectos, era el ciclista de moda y se convirtió en el paladín natural de Lance Armstrong, quien dejaba a todos de rueda salvo al italiano de Varese, que en 2005 ya era segundo en Francia, superando incluso a Jan Ullrich en la carrera por suceder al tejano.

Basso tocó la cima en 2006, en mayo. Aquello fue un tsunami, subida brusca y bajada vertical: iba como los ángeles en aquel Giro, ni Simoni despotricando de él pudo medirsele en aquel Mortirolo donde había un tipo que con media sonrisa de esfuerzo dejaba a quien queria dónde se dispusiera. Pero ese ritmo tuvo coste, la Operacion Puerto, una bomba, una quimio, que se lo llevó todo o casi todo por delante. A Basso le identificaron por su perro, a otros, con psedónimos más obvios ni se les tocó, unos terceros, no ciclistas en su mayoría, salieron de rosetas. “Birilo” fue Basso. “Valv Piti” no se atribuyó a nadie.

Y Basso purgó para volver en 2009 con tres grados menos de potencia en sus piernas, suficientes sin embargo para ganar un Giro, el de 2010, que forma parte de la antología del ciclismo moderno por lo imprevisible de su desarrollo y resultado. Ganó Basso, sin abrumar, sin exhibir ni chafar grotescamente a sus rivales, en una edición que será recordada por la inquebrantable fidelidad de Vincenzo Nibali que le guió por el tortuoso descenso de Mortirolo como quien lleva a un crío de la mano. Pero qué mal baja Basso, Si Dumolin perdió la Vuelta por el puñado de metros que le impidieron  enlazar entre puertos por la sierra de Guadarrama, a David Arroyo le condenaron esos mismos metros camino de Aprica.

Y ahí acabó todo. Todo lo reseñable, al menos. Basso circuló en la parte noble de los pelotones, sumó alguna posición de mérito en grandes vueltas, dejó la Vuelta de 2013 tiritando de frío en Andorra cuando mejor se le veía hasta que dijo que quería ser “aún más grande” ayudando a Contador en una temporada que no cuenta porque cuando quiso ayudarle, no pudo, dígase en el Giro, y cuando quizá pudo, la enfermedad no le dejó. Por cierto Contador, rey puesto a rey muerto en 2007, en el Discovery Channel que cometió la ridiculez de fichar un ciclista enfrascado en un proceso. Ay Bruyneel.

Basso lo deja, celebrando haber superado ese mazazo que siempre es un cáncer. No lo dudéis, este ciclista vale más por lo que calla, y si su experiencia se hiciera realmente pública, la catarsis que aun necesita este deporte sería realmente útil.

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