Las fotos del amigo Miquel Poblet

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Descubro, aturdido por la noticia, que tengo un sobre, con letra del propio Miquel Poblet, que contiene  más de diez incunables fotográficos del campeón y su época de gloria. Retratos de esos tiempos que hizo grande el maillot de la Ignis, esa empresa que le idolatró casi tanto como Italia entera. El contenido del sobre estaba destinado a ilustrar un artículo que salió en una edición de Ciclismo en Ruta con impresiones del astro sobre el Giro de Italia. Veo siete años después de ese “préstamo” que no le he retornado ese sobre con acuse de devolución. Lo siento Miquel, he sido un impresentable.

A Miquel Poblet le podías preguntar por el tiempo y acabar una tarde entera conversando de esos años que ahora idolatramos. Los mágicos cincuenta. Tiempos de miseria y tristeza generacional, pero pasionales, terriblemente intensos. Miquel Poblet, su sola presencia en el cartel, valía llenar un velódromo. Lo hizo en Barcelona, en los muchos escenarios que el ciclismo tenía entonces por la ciudad, pero también en Madrid, en Donosti, en Buenos Aires. En aquellas veladas de nebulosa interior, por la cantidad de puros que se fumaban en su desarrollo Poblet era la vedette que todos querían tener.

Leo continuamente la palabra pionero en los artículos que referencian la muerte del “noi de Montcada”. Decir que fue pionero es quedarse corto. Fue un rara avis más bien. Convivió en la España de Bahamontes y Loroño como poco antes el primer león de Flandes Fiorenzo Magni sorteó fortuna en la Italia de Bartali y Coppi.

Poblet fue todo en Italia, donde una vez incluso habiendo dejado la bicicleta, siguió ganándose la vida. Su amistad con el patrón de la Ignis fue legendaria. Le dio dos Milán-San Remo, dos Voltas, etapas en el Tour, en el Giro, en la Vuelta, en multitud de carreras, amasó las mejores clásicas catalanas, pisó el podio de Roubaix. En 1955 fue el primer y último ganador de etapa del Tour de Francia, ese año vistió el primer amarillo de un español en Francia. Creo que hubo un año que coronó primero el Tourmalet. Le llamaban sprinter.

Fue presidente de la Federació Catalana de Ciclisme y luego ejerció nuevamente de precursor de la Escola Catalana de Ciclisme junto Alfred Esmatges, Jordi Clarós i Xavier Rafols, dando origen a una cantera que ha dado tantos y tantos magníficos corredores de pista y routiers. Un lugar de donde surgieron, entre otros, Juan Antonio Flecha, de quien tan pendientes estamos estos días de primavera.

 

Por todo eso y por la amistad y cariño que nos brindaste al abrigo de tu tienda o de cualquier cuneta o pelousse, amigo Miquel, descansa en paz. No te olvidaremos.

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