Las lecciones que harán de Taylor Phinney un grande

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Muchos nombres de tallo largo pesaban en el ambiente de Dinamarca para liderar la primera clasificación general del Giro de Italia. Uno que tiene sus debilidades apostó por Gerarint Thomas para tamaña empresa. Hace tiempo que el galés llama a las puertas de un éxito inapelable, pero se le resiste. Thomas tuvo el mejor tiempo, le duró unos minutos, los que tardó en aparecer Taylor Phinney.

Maglia rosa al suelo 

Talludo, largo, socarrón, niño prodigio,… Phinney es la nena bonita del ciclismo norteamericano. La pincelada estadounidense dentro de la cuota asumida por británicos y australianos en el tinte anglosajón. Mimado desde sus albores, ha crecido con neutra exigencia e inofensiva dureza. Es un talento tal, al menos así nos lo venden, que merece todo el cuidado del mundo, creciendo entre algodones.

En el Giro asomó en vanguardia por primera vez en un gran foro, pero también navegó por el lado triste y doloroso del ciclismo. Flamante ganador del prólogo, entendido como crono inaugural menor de 10 kilómetros, le tocó besar el suelo en la desafortunada caída de Horsens, con corte profundo para su tobillo como consecuencia más visible. En 48 horas, el ciclismo le obsequió con el cielo y el suelo. Un mundo de sensaciones que enfrentadas en dos días y en la mente de un baby de 21 años dejan marca en la conciencia. Tanto que ésta es la lección virgen que debe extraer, al margen de restañar heridas, replicadas camino de Fano el jueves.
En sus orígenes en el pelotón pro fue partícipe de una puja como pocas veces habíamos presenciado. Quizá en alguna ocasión la vimos, y si hemos de hacer memoria, hablaríamos de dos belgas, allí parece que son moneda de cambio estas pugnas, como Frank Vandenbroucke entre Mapei y Lotto y Tom Boonen entre Quick Step y US Postal. Phinney protagonizó líneas argumentales similares entre BMC y Radio Shack, donde renunciaron a su perla por imposibilidad de asegurar el patrocinio. Y claro, cuando dos estructuras como las citadas se molestan de tal manera por hacerse con los servicios de un purasangre como nuestro protagonista es por algo.
Como Arkaitz Duran, Phinney dio el salto muy joven a pros. Siendo un juvenil. Desde que tiene uso de razón sobre una bicicleta, la victoria ha marcado su vitola. Es un ciclista casado con el éxito, en entornos relativamente estables y equipos acomodados, medios sobrados,… por eso quizá el doble valor que debe otorgar a la dolorosa experiencia de este Giro. Por eso quizá, y  a pesar de las cicatrices físicas, las morales le den el tono que seguro en un futuro, no muy lejano, pueda necesitar para llegar allí donde le suponemos.

1 COMENTARIO

  1. Me ha dado un "pelin" de pena ver a Taylon Phinney en la etapa de hoy.El ciclismo es así, la carretera pone a cada uno en su sitio y él ya ha tenido su "minuto de gloria".El tiempo dirá si todo lo que se supone se espera de Phiney, se cumple.

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