Las mil caras de Chris Froome

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Hay algo en Froome que extraña, bueno algo, no, varias cosas. La principal es saberle siempre favorito y fuerte, caminando en esa especie de alambre sobre el que deambula cada vez que quiere ganar algo. Es curioso, el equipo más uniformado, el más cuadrado confía su suerte desde hace dos años en el ciclista más desgarbado  y anárquico en las grandes citas.

Quizá hay resida parte del encanto de este corredor que hace cuatro años estaba con la espada de Damocles sobre su cabeza y sin equipo a la vista. Froome apareció en esa Vuelta que ganó Juanjo Cobo, de quien nunca más se supo, y desde entonces nunca dejó de ser favorito.

Contador lo definió como “el rival más complicado al que me ha tocado medirme” y razón no le falta. Adalid de ciclismo limpio, y como él su equipo, aunque por el camino tengan controles no realizados, Froome es favorito cinco estrellas por definición.

Corriendo a pelo, a lo bruto posiblemente sea el mejor de ese grupo que llamamos G4, con Quintana, Contador y Nibali. Tiene una aceleración brutal en subida, cuando tuerce el gesto, angula hacia afuera los brazos y agacha la mirada: temblad malditos. En las cronos es fuerte y duro y en general es el ciclista más completo de la primera línea. Sin embargo sus virtudes contra el corno tienen sólo 17 kilómetros para expresarse, más lo de test colectivo, en los que el Team Sky no gana desde el Giro 2013.

Por eso, Froome sería perfecto si estuviéramos ante el Tour típico. Sin embargo esto no es el Tour que gano Wiggins, ni siquiera el que ganó el podio ciclista de origen keniata. Este Tour no tiene cronos, presenta bastantes subidas y sobretodo muchos matices y recovecos, algo que a Froome no le gusta y a su equipo menos.

Viendo el perfil de la carrera y el cariz de sus rivales, mucho y muy fino tendrán que hilar estos chicos de negro con su líder africano al frente. A Froome las etapas que le pueden complicar la vida se le multiplican en este Tour y la de los adoquines, con esa escasa corpulencia que le caracteriza, se le supone un reto gigante, más si llueve, como el año pasado, y si Nibali anda juguetón.

Froome tiene grandes virtudes, pero también plomizos defectos. Por suerte hay carrera, y en el blanquito ciclista de Nairobi tenemos la muestra.

Imagen tomada dewww.vanlooy.es

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