Las necesidades que mueven la Vuelta

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Los años que acaban en cinco son especiales para la Vuelta a España. Y no, no penséis en la fácil rima, vamos por efemérides interesantes en la trayectoria de la más joven de las tres grandes.

En 1935, hace 80 años arrancó la carrera. En 1985, 30 años a, Pedro Delgado logró una victoria que levantó tantas conjeturas que aun siguen dándole vueltas en algunos lares. En 1995, ya veinte años, la carrera pasó a celebrarse en septiembre, en un cambio que por mucho que digan, desnaturalizó la prueba. Hace diez años llegó el positivo, que luego no fue tal, de Roberto Heras.

Recuerdo, cuando la Vuelta pasó a estas fechas, como digo hace dos décadas, que algunos dijeron que a septiembre irían a correr aquellos que catearon en el curso regular, eso es para muchos el Tour de Francia. Esas palabras fueron acuñadas, entre otros, por José Miguel Echávarri, el mentor del Banesto, hoy Movistar Team.

Y, como siempre adelantado a su tiempo, Echávarri dio en la clave, porque analizando la exquisita nómina que parte de Marbella para dar con el rojo en Madrid, quien más necesita la nota es Nairo Quintana, el corredor de los grandes grandes, que más busca el resultado favorable en la tercera de la campaña. Nairo fue al Tour para ganar, ni joven, ni leches, él querrá ganar ya, preso de la ambición que viste de tierna sonrisa, pero que se quedó en el empeño porque atacó tarde, tristemente tarde.

Si miramos al resto de los grandes, vemos que Valverde tuvo su premio grande, e inesperado, en el podio del Tour. Froome, que dispone de una crono en Burgos por expresa sugerencia, viene con el Tour y Nibali ya ganó la Vuelta en 2010 y el Tour del año pasado. Nairo es, sobre el papel, el más necesitado, de justificar las no pocas esperanzas que hay sobre él, tanto desde la masa de la afición como del continente que ha hecho de su suerte el motivo para levantarse por la mañana viendo ciclismo.

No obstante, si de morbo hablamos, nada como el Astana, un corral de pollos sin cabeza durante el Giro, y eso que tenían a Landa & Aru, que ahora en la Vuelta añade a Nibali, haciendo casi imposible la ecuación. Entendemos que por galones pesa el siciliano. De inicio, el sardo parece servil, pero el alavés, bufff, qué decir, más cuando ha dicho que el año que viene: “Au revoir Astana”.

Más allá es difícil adivinar qué pasará. A Purito no le sale bien una grande, éste también tiene una etapa por expresa recomendación, desde hace dos años. Pozzovivo es una moneda al aire, lo mismo que Majka y Van Garderen viene bajo mínimos tras verse mejor que nunca en el Tour.

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