Las raíces del ciclismo amenazan ruina

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Menudos días de confesiones y ajetreos. Nuestros deportistas metidos a autores amenazan con poner todo patas arriba. Rasmussen se une a la fiebre editorial y causa estragos. Tarea ingente tiene la renovada cúpula de la UCI con esta parentela. Ya se lo harán, no obstante, y aunque tomemos distancia, lo que sus errores o aciertos deparen nos afecta, y mucho, la salud del ciclismo va en ello.

Estos días se habla de quién estará o no en el inminente World Tour, de la suerte que correrá el proyecto de Fernando Alonso, de las maniobras de Oleg Tinkov, el bufón de este circo llamado ciclismo, y sin embargo no vemos que nuestros mayores, las carreras de toda la vida, muchas de ellas, vamos, lo están pasando mal y peor que lo pasarán si el plan de la UCI se aplica con la precisión que su hoja de ruta marca.

Porque en España por ejemplo la llamada racionalización del calendario ciclista internacional pasa por degradar la carrera por etapas más antigua del World Tour, a excepción hecha de Giro y Tour. Sí me refiero a la Volta a Catalunya y sí me refiero a que carreras vacías de contenido y expresión histórica a como el Tour de Pequín le van a pasar por encima a no más tardar. En el documento que la UCI quiere implantar la Volta a Catalunya pasará a un segundo escalón a partir de 2017 y compartirá categoría con las vueltas a Omán, Dubai y Qatar.

Pero la degradación de la Volta no es la única que se impone. La Vuelta al País Vasco también se cae del primer nivel, y con ella Romandía, Eneco Tour y Polonia. Perfecto, vamos, una jugada maestra, pues en ese ciclo se ponen también Het Nieuwblad –la Het Volk de siempre- Harelbeke, Plouay y París-Tours. Es decir no sólo se penaliza la historia sino probados casos de éxito moderno como Plouay, Harelbeke y Polonia, carreras que demuestran que otro ciclismo es posible.

En el otro lado de la balanza se potencia la adinerada vuelta pequinesa y las carreras de Canadá, donde ni siquiera se ha hecho ademán de recuperar el Gran Premio de las Américas que un día ganara Fede Echave y qué tan pintoresco hacía el otoño más allá del Atlántico. Incluso se mantiene hasta Hamburgo, como guiño para que un día los alemanes vuelvan a invertir en ciclismo.

Racionalizar el calendario era algo que se imponía, pero el coste es alto. En unos momentos donde la supervivencia fuera del más alto nivel es un milagro, apostar pruebas centenarias a la intemperie es una torpeza de dimensiones colosales. Este experimento se ha realizado en el fútbol europeo eliminando la Recopa y creando de la nada la Europa League, veinticinco peldaños por debajo de la Champions League. ¿Cuál ha sido el resultado? Pues una competición fantasma a nivel continental cuyo único partido importante es la final y el resto morralla de cruces y emparejamientos que muy pocos sabrían explicar. En el fondo, lo de siempre, abrir una brecha más profunda entre los ricos y los pobres.

Y como síntoma del poco aprecio que el ciclismo le tiene a su historia el caso del Museo del Ciclismo de Ghisallo. El recinto está cerca de su cierre. Sí es el Vaticano ciclista, la Meca del fiel de la bicicleta, el lugar que guarda casi todas las maglias rosas de la historia y la bicicleta original con la que Fausto Coppi batió el récord de la hora en el Vigorelli milanés. Prueba más tangible de que perdemos el norte no podemos encontrar.

Foto tomada de www.ccsantboi.com

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