Las rarezas que hacen de Evans un ciclista de los de antes

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Cierto día un sabio del ciclismo me dijo “el que gana un Tour se vuelve carismático por defecto”. Ello lo comprobó Cadel Evans el día que cruzó primero la línea de meta de París. Si su figura arraigó en el imaginario por aquellas instantáneas de excesivo celo cuando era líder de la carrera hacía tres años, en el momento de subir a lo más alto de la avenida parisina su perfil de antihéroe quedó obviado. Era un hombre nuevo. Teníamos ante sí un corredor admirado y querido e incluso reconocido después de muchas y decepcionantes situaciones en las que su especuladora forma de entender el ciclismo y la mala fortuna le habían condenado al papel de secundario.

Camino de la historia
Probablemente no vuelva a ganar un Tour, o igual sí, pero el ejercicio de campeón nadie se lo puede usurpar. Suyo es ya ese estatus y estos niveles sabe se han manejado los elegidos entre los que se encuentra. Estos días tenemos activada, a modo de previa de la primavera, una encuesta que intenta escrutar el mejor especialista en clásicas de la historia. Eddy Merckx maneja con holgura este singular y subjetivo ranking. El belga como otros de los mencionados en tal sondeo, De Vlaeminck, Coppi o Kelly, sugiere el perfil de ciclista total pues fueron capaces de todo, de brillar en el adoquín y en julio, en los monumentos y en las vueltas.
Los siete citados en la encuesta encierran una tremenda afinidad con nuestro personaje de hoy. Todos se significaron en la dignidad de este deporte concibiéndolo los 365 días del año como un ejercicio competitivo de respeto al aficionado que le espera y organizador que le contrata. Dicho de otra manera, encontramos en Evans el estereotipo de ciclista que siendo la excepción debería tratarse de norma.
Cadel Evans integrará el superequipo que el BMC ha previsto para la clásica de nuevo cuño “made in Tuscany”, la Eroica. Estará con su alter ego en las carreras de un día, Philipe Gilbert, si bien el australiano ya ha demostrado la solvencia del belga en estos terrosos itinerarios. Evans acude con la sana intención de disputar esta clásica como no hubiéramos presentido en ninguno de los corredores con los que se juega los cuartos en las vueltas. Ello en los tiempos de Coppi, Merckx e Hinault era usual, ahora no, jugamos a ligas diferentes, a especialización que si bien comporta un tono más moderno no deja de empañar la leyenda del ciclismo.
Sabidos sus orígenes de biker, Evans no es nuevo en el surfeo del sterrato. Ganó aquella fantástica etapa con alto en Montalcino e incluso semanas después salió en vanguardia del tránsito por el pavé aledaño a Arenberg de la primera semana del Tour. Esas rarezas son las que loamos de quien portará el número uno no sólo en la Grande Boucle, también en Tirreno y Romandía. Esas rarezas que le hacen singular, único y grande, como ahora mismo no queremos ver a otro en el pelotón.
Y al hilo de las clásicas recordamos que sigue la búsqueda del mejor especialista en las mismas.
Footgrafía tomada de la web de BMC Racing

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